Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 23 de abril de 2015

Goal of the Dead (2014). Cerebr…digo…Gooool!



Reconozco que no me gusta el futbol. Bueno, hace algunos años, “no gustar” era decir poco. Era una de las cosas que más podían repatearme: cualquier partido suponía cancelar programas en tv a última hora, la imposibilidad de salir sin oir todo tipo de jaleos y vítores, y además, vivir encima de un bar no insonorizado cuyos parroquianos gritaban cual banda de jinetes dothrakis ante cualquier jugada hacía más difícil entender un juego capaz de convertir al público en zombie. Con el tiempo, y al ampliarse las alternativas de ocio los días de partido, pasó a convertirse en algo que sigue sin interesarme, pero no tan irritante. No imaginaba que en Francia a un guionista se le ocurriera también la analogía de los zombies y se le ocurriera escribir algo sobre un escenario muy concreto: una epidemia durante un partido de futbol. Aunque el planteamiento no sea tan descabellado, tratándose de un país con bastante afición a este deporte.



Goal of the Dead se encarga de plantear esto de una forma muy irónica desde el principio. El partido en cuestión no es un mundial, ni una liga, ni ningún evento mayoritario: solo es un partido regional en Caplongue, un pequeño pueblo donde el Olympique jugará contra el equipo local. Este es uno de los últimos partidos de Sam Lorit, uno de los jugadores más antiguos y originario de ese pueblo. Y también para Idriss, el pichichi del equipo que en breve será trasferido a Londres. En un estadio lleno de lugareños que no dudan en insultar a los jugadores visitantes, que desprecian a Lorit como un vendido, donde los jugadores tienen la cabeza en próximos traspasos en vez del deporte, y donde las groupies buscan plan con quien sea, la situación solo podía complicarse más cuando un jugador local, tras sufrir una reacción adversa al inyectarse anabolizantes, irrumpe en el campo destrozando literalmente a los jugadores e infectando a todos los que se crucen con él.



O bien esta historia ha sido escrita por alguien que ha visto mucho futbol, o bien por alguien a quien le gusta muy poco. En el primer caso, porque el planteamiento de la película es similar a la de un partido: esta se divide en dos tiempos, al igual que el juego. La primera parte sirve para presentar la situación, personajes y desarrollar todo lo relacionado con el futbol. El segundo tiempo entra de lleno en el cine de zombies, con los personajes principales encerrados en un espacio cerrado e intentando huir de los infectados que los atacan.
 
 
La segunda posibilidad es bastante evidente a los diez minutos de película: el retrato que se hace de ese deporte es el más ácido que podría hacerse, y no queda títere con cabeza. Jugadores, representantes, periodistas e incluso aficionados, son presentados con todo tipo de características negativas asociadas al mundo del deporte profesional. La falta de deportividad y el divismo de los jugadores, el funcionamiento de los clubes similar al de una empresa mercantil, e incluso los propios aficionados, más ocupados en insultar a los deportistas que en disfrutar de un partido, e incluso una referencia bastante ácida a las groupies, lo casquivano de las estrellas y a las periodistas que son poco más que una cara bonita…Vamos, que solo hace falta pensar uno de los tópicos negativos y probablemente lo hayan tenido en cuenta de la forma más hiriente posible. Incluso el personaje principal, al que suavizan un poco por aquello de necesitar un protagonista un poco más equilibrado, o al menos, que genere simpatía, es presentado con muchas de las características propias de las estrellas: agresivo y amargado, pero a pesar de todo, consigue ser la voz más coherente tanto durante el partido, criticando el fanatismo de los aficionados, como a partir del momento en el que la trama pasa a ser una historia de zombies al uso.
 

El recurso que han utilizado para desarrollar el resto de la historia ha sido el de la comedia negra. Esta es más cercana a Shaun of the Dead que a La horde, planteando todo lo relativo a los infectados de una forma bastante cómica: desde el primer contagio, provocado por una mala reacción a los anabolizantes, hasta el comportamiento de la primera víctima. Este, completamente enloquecido, recorre un campo corriendo y matando a todos los que se encuentra…pero también patea todo aquello con forma esférica. Sean balones o el trasero de un tipo agachado. Lo que, además de recordar un montón a los chistes de Mortadelo y Filemón, es uno de los mejores gags de la película. También han aprovechado lo relativo al contagio y los infectados para darle una perspectiva más humorística: este se transmite por el vómito…Lo que hace que esas primeras secuencias recuerden muchísimo a algunos de los sketchs más bestias de los Monty Python. Definitivamente, se tomaron en serio esto de hacer una comedia con todas las herramientas posibles. Y lo cierto es que les sale bien, porque en lo relativo a la segunda parte, ha sido la más redonda, en cuanto a humor, acción y desenlace, y creo que no me había reído tanto con una de zombies desde la protagonizada por Simon Pegg.
 

Probablemente, la idea de dividir la película en dos ha sido todo un acierto. Vista en conjunto, puede resultar un poco irregular: la primera parte puede hacerse un poco más extensa y centrada en unos chistes relativos a situaciones más comunes, mientras que la segunda entra de lleno en el género fantástico. Aquí el que esta haya tenido dos directores, y que cada uno se encargara de una mitad, se nota bastante. Pero precisamente esta distribución hace que pueda verse de forma separada, en plan miniserie, haciendo que esta resulte un poco más uniforme y repartiéndose las dos horas en una historia compuesta de dos escenarios muy distintos. De todas formas, ambas partes resultan una comedia negra la mar de efectiva y entretenida…Y mientras escribo esto, en el bar siguen con su jaleo futbolero habitual. Aunque ahora tengo menos claro si se trata de un partido o se han convertido en zombies.
 

lunes, 20 de abril de 2015

Daybreakers (2009). Los vampiros frente a la escasez de alimentos


Los vampiros han resultado ser unas criaturas fantásticas bastante versátiles. Lejos de quedarse en el arquetipo de monstruo aislado, o en el de figura romática, han evolucionado para convertirse, en muchos casos, en unos antagonistas con más recursos y con más amplitud de miras que el típico no muerto en su castillo. Muchas obras de ficción lo plantean de una forma similar a la de los muertos vivientes, como una plaga de seres irracionales capaz de acabar con la humanidad. Otras prefieren recurrir a su base como seres inteligentes y presentar una situación distinta: ¿qué pasaría si los vampiros pudieran dominar a la especie humana? Son inmortales, con pocas debilidades, capaces de organizarse en sociedad y al igual que los banqueros y los políticos, son predadores naturales de las personas. Aunque quizá esta última comparación haya resultado un poco ofensiva. Para los vampiros, claro.

 


En Daybreakers los no muertos no son una epidemia, sino la cura: a las enfermedades, a la vejez y la muerte. Después de diez años, la humanidad se ha transformado, voluntariamente o no, y se han adaptado para que las estructuras sociales se adapten a sus características. Especialmente, a su debilidad hacia la luz del sol. Los humanos han desaparecido prácticamente, quedando reducidos a fuente de alimentos. Una fuente que desaparece progresivamente y a la que es necesario afrontar con restricciones. La solución más viable parece ser encontrar un sustituto viable para la sangre, salvo para Edward Dalton, un científico que cree que la única solución posible es el recuperar su estado humano. Con cientos de vampiros convirtiéndose en seres monstruosos a causa de la falta de alimento, la única esperanza para sus investigaciones es un grupo de supervivientes. De entre los cuales, uno asegura haber sido un vampiro capaz de recuperar su humanidad.


Esta no es una película que dedique mucho tiempo a aportar solidez a su premisa. Solo se hace referencia, con un par de escenas fijas de recortes de diarios, al momento en el que se situa la historia: unos diez años después de que, por algún motivo, todos se convirtieran en vampiro. Esto no supone ningún fallo, porque, al igual que Snowpiercer y otras, lo importante es el narrar una situación determinada, no el como se ha llegado hasta ahí. Además, la forma de establecer las premisas básicas de este escenario, son bastante concisas: en este caso, volver a recurrir a voces de noticiarios donde explican la situación actual, y secuencias donde se muestra a grandes rasgos, cómo funciona todo. Lo cierto es que es bastante efectivo a la hora de hacerse una idea de cómo va a funcionar y para no explayarse, porque lo importante es lo que van a hacer los personajes a partir de ahora y no lo que suceda en este momento.

 


También recurren mucho a la estética como parte del interés de la historia. Planteada como un futuro cercano, evita que aparezcan demasiados elementos tecnológicos, excepto aquellos que sí tienen su papel lógico en la historia. Como por ejemplo, todo lo relacionado con sistemas de navegación por vídeo que sirven para que un vampiro pueda conducir a pleno día sin quedar hecho un churrasco. El resto tiene una presencia nula, lo que además de servir para evitar que la producción se desfase demasiado rápido, le da mayor coherencia al tipo de ambientación con el que trabajan. Esta es una estética muy retrofuturista, que en algún momento puede recordar a Blade Runner pero que en la mayor parte de los casos es muy deudora de los vestuarios del cine noir de los años cuarenta y cincuenta. O más bien, de cómo se lo reinterpreta hoy. El color de los escenarios también muy cercano a este tipo de estética, manteniendo en todo momento unos tonos azules muy metálicos y fríos, que contrastan muchísimo con los escenarios exteriores. Estos, lejos de presentar la luz solar con una tonalidad natural, recurren a una intensidad bastante fuerte y a escenarios desérticos donde se mantienen en todo momento los colores rojizos. Algo bastante adecuado para recordar que el segundo mayor problema al que se enfrentan los personajes es el arder a causa de la luz del sol.

 


El reparto incluye caras muy conocidas: casi todos ellos han tenido carrera en el cine con algún que otro éxito y períodos de popularidad, especialmente en los noventa. Y que, actualmente, pese a seguir trabajando, suenan mucho menos pero son valores seguros a la hora de darle solidez al casting: Ethan Hawke en el papel protagonista junto a Willem Dafoe (que ya había sido el Conde Orlock en La sombra del vampiro). Este último ofrece una interpretación un tanto extraña, de esas que se marca de vez en cuando, caracterizando a su personaje de una forma bastante estrafalaria. Que no es que sea especialmente necesario para la historia, pero al menos le da variedad. Y Sam Neill como antagonista, con una interpretación bastante neutra que, a falta de decir otra cosa, también es adecuada al tipo de personaje que lleva.

 
 
Pagando la hipoteca


Aunque la idea para disfrutar la película sea olvidarse de pretender que un mundo de vampiros sea coherente, o que tenga que ir explicado al dedillo, hay una cosa que es imposible poder pasar. Lo del mundo de vampiros pasa, que para eso es la gracia de la película. La parte de la trama donde encuentran la cura, también, por aquello de que se está viendo un guión sobre personajes y una aventura, no sobre una explicación concreta. Pero el desenlace, y todo lo relativo a la administración de esta cura, son el mayor Deus Ex Machina que he visto en mucho tiempo. Una cosa es contar con una premisa completamente fantástica y un metraje muy limitado para los estándares actuales. Otra muy distinta es que se saquen una solución de la manga diez minutos antes del final y que directamente, no sepan qué hacer con ella excepto que se mueran en pantalla un montón de secundarios para salvar a los protagonistas y que vengan pronto los créditos.

 

Teniendo en cuenta que es un fallo muy al final de la película, que esta mantiene muy buen ritmo e interés en todo momento, y sobre todo, que este no afecta al desenlace más allá de esa impresión de ser una ocurrencia de última hora, este se queda en un detalle menor para una producción que en conjunto, se puede considerar como una película menor. De esas que pueden verse en los cines entre blockbuster y blockbuster, y que con muchos menos recursos, cuenta una historia de una forma bastante simple, pero también con originalidad.

 

jueves, 16 de abril de 2015

I am a Hero ¿Qué pasa en Japón durante una epidemia zombie?




Una de las mayores novedades que puede aportarse hoy en el género zombie es la localización. Hay miles de comics, de videojuegos y de películas donde describen punto por punto que le pasaría a cualquier superviviente en un pueblo o ciudad Estadounidense. La fórmula está tan explotada que muchos empezaban a preguntarse qué pasaría en otros países, con mayor densidad de población, geografías diferentes, mayor control de armas, o directamente, una cultura y forma de pensar distinta. La tendencia fue cambiando, pudiendo ver qué pasaba en España con los infectados de Rec, a unos policías franceses en La horde, e incluso en un edificio en Alemania en Rammbock. Pero es un manga de Kenzo Hanazawa el que se encarga de presentar un panorama bastante amplio sobre lo que podría pasar en Japón.

 
I am a Hero es la historia de alguien que ni siquiera se considera el protagonista de su propia vida: a sus 35 años, Hideo Suzuki trabaja como asistente de un dibujante manga con la esperanza de ser un artista de renombre. Entre las interminables jornadas de trabajo, una novia que habla continuamente del éxito de su expareja, y sus crisis de pánico, no le queda más consuelo que imaginarse cómo habrían sido las cosas de haber actuado de forma más valiente, y dedicar su escaso tiempo libre a hacer prácticas de tiro en un club con su escopeta. Pero poco a poco las cosas a su alrededor empiezan a cambiar, y no precisamente a mejor: las noticias sobre ataques de personas con comportamientos erráticos son cada vez más frecuentes, y su novia es una de las víctimas. Tras ser atacado por ella, decide huir de una ciudad donde las víctimas se multiplican ante sus ojos. Aún sin haberse atrevido a realizar un solo disparo, Hideo es consciente de una cosa: él es uno de los escasos poseedores de un arma de fuego en Japón, y aunque él todavía no lo crea, la joven a la que salva mientras se ocultaba en el bosque está convencida de algo: él es un héroe.
 
Parecidos desconcertantemente razonables...
 
El tema de las diferencias de escenario es uno de los principales puntos de interés de este manga. El recurrir a un personaje y un estilo tan concreto y conocido por su autor hace que este, además de resultar muy realista, sea también bastante claustrofóbico y proporcione una de las visiones más realistas sobre una catástrofe que podrían aportarse. Así, durante una gran parte de los primeros capítulos, no se narra otra cosa que elementos de la vida diaria junto a unas referencias muy escasas sobre los zombies, que los propios personajes ignoran cambiando de canal o emisora en todo momento. La aparición del tema fantástico es muy gradual, de forma que podría considerarse incluso lenta comparada con otras historias: hasta el final del primer tomo no aparece en viñeta el primer infectado…Y esto implica que hay que comprometerse mucho con la narración, o ponerle mucho interés, para poder llegar hasta ahí: todo lo relacionado con la vida de los dibujantes es algo tan específico, narrado de una forma tan cerrada y llena de referencias a una cultura muy determinada, que en principio puede desanimar a cualquier que buscara un avance rápido, o incluso algo más genérico. Y debo reconocer que esa parte también me costó lo suyo.
 
Pero lo que ofrece algo verdaderamente diferente es precisamente el planteamiento de los primeros días de la epidemia. La indiferencia de una sociedad sobreinformada a cualquier alerta, la incredulidad de lo que pasa y la incapacidad de reaccionar ante esto resulta una visión muy realista e inquietante. Incluso la información y la cultura popular tienen un papel en los primeros momentos de la historia, al hacer referencia a informaciones en foros y teorías, pero la impotencia de los personajes ante lo que sucede sirve también para mostrar esta relación entre el hecho de estar viviendo algo improbable y la imposibilidad de afrontarlo. Lo más evidente de esto es que el protagonista sea incapaz en los primeros tomos de disparar una sola vez, siendo muy consciente de lo que supondría infringir las normas en circunstancias normales. En algunas ocasiones esto obliga un poco a olvidarse de todo lo que se ha leído antes y empezar un poco desde cero, como los propios personajes: al lector puede parecerle poco acertado que los protagonistas decidan buscar un hospital en plena epidemia, pero, tras años de haber visto la misma fórmula una y otra vez, acaba esperando una situación similar y no una donde unos personajes se comporten de una forma aparentemente ilógica, pero realista.
 

También se arriesga a la hora de plantear todo lo relativo a los zombies..O a los infectados. Probablemente esto último, ya que el comportamiento de estos se plantea como un deterioro más gradual, en el que los afectados pierden sus facultades pero a la vez conservan algunas muy básicas: en muchas viñetas estos aparecen repitiendo frases concretas, o llevando a acabo acciones mecánicas. Algo así se había visto en Zombie o El día de los muertos, aunque el autor va más allá y es capaz de desarrollar lo que puede estar pasando por la cabeza de una victima de la infección. Además de ser capaz de saltar de un infectado como tal, a una criatura mucho más grotesca y monstruosa como las que pueden verse más adelante. No llega a quedar muy claro, pero en algunos momentos aparecen infectados con varios miembros o algunos de tamaño monstruoso…aún no sé qué sentido tiene a nivel argumental, pero a efectos artísticos y de hacer una viñeta aterradora, funciona.
 

 
Viñeta que dice a gritos "Esta noche duermo con la cabeza bajo la colcha"
 
El dibujo también es bastante alejado del manga habitual. Tratándose de un comic para adulto, el diseño de los personajes es mucho más realista y menos anime, lo que también permite que algunos puedan representarse de una forma más caricaturesca de lo que suele aparecer en los más populares. Los escenarios también están bastante detallados, aunque el uso de las tramas para detallar los fondos es algo que nunca ha llegado a convencerme en este estilo de dibujo.
 
Quizá los principales defectos son, además de un ritmo bastante lento con el que he tenido que ser muy paciente, el tener un estilo de narrativa difícil de seguir si no se está acostumbrado. Los momentos donde la historia realmente engancha y sorprende se alternan con otros donde el lector se pregunta por qué demonios los personajes hacen cosas bastante extrañas, o por qué sus diálogos en algunos momentos tienen tan poco sentido. Habiendo leído a varios autores japoneses, me parece que esto es más un fallo del guionista que algo propio de la narrativa. O incluso podría deberse a la traducción amateur: en muchos casos los signos de exclamación brillan por su ausencia y esto hace que los gritos de las pobres víctimas parezcan un poco inexpresivos. Pero, en conjunto, y teniendo en cuenta su extensión (unos 16 tomos de 200 páginas), constituye una lectura, un poco lenta en algunos casos, extraña en otros, pero que se sale por completo de la norma para aquellos que hemos visto demasiadas veces la historia de zombies de siempre.
 
 

lunes, 13 de abril de 2015

Casino Royale (2006). Reinventando a James Bond


La ventaja de muchos personajes ficticios, especialmente los del género detectivesco o de espías, es el poder acercarse a cualquiera de sus aventuras sin tener que respetar ningún orden. Probablemente el caso más conocido es el de James Bond, con cincuenta años de películas y unos cinco actores habiendo interpretado el papel. Pero Daniel Craig, además del más reciente, fue el actor con el que la franquicia y el protagonista empezaron a reciclarse, e incluso a acercarse más al original escrito por Ian Fleming. También sirvió para ganarse a un público que antes no estaba interesado en el personaje cinematográfico.  En mi caso fue esto lo que sirvió para que acabara viendo las tres últimas entregas, que ya es bastante para un personaje que siempre me había dado un poco igual. Y que, el carácter independiente que siguen manteniendo entre unas y otras, hizo que viera en el último lugar la primera de todas ellas.

 

Casino Royale es la primera historia de James Bond. Tanto el literario como el cinematográfico, aunque se estrenara tras una veintena de películas protagonizadas por el espía. Esta versión sirve como historia de origen, en la que se presenta al personaje en su primera misión como espía con licencia para matar. Esta, igual de arriesgada que infiltrarse en un país enemigo, consiste en ganar una millonaria partida de póquer organizada por Le Chiffre, el encargado de las finanzas y contabilidad (por explicarlo de algún modo) de los principales grupos terroristas en un intento por recuperar todo el dinero de sus clientes perdido en la bolsa. Pero esto es más peligroso que un simple juego de azar, porque como Vesper Lynd, la agente del Tesoro Público que le acompaña le advierte en un momento: si pierde estará financiando el terrorismo con dinero del Estado.




Durante muchos años James Bond estuvo asociado a los escenarios lujosos, a un vestuario compuesto en un 99% por smokings y a una actitud entre segura de si misma y un tanto sobrada. Pero también a unos gadgets que hoy se han quedado irrisoriamente obsoletos, a los villanos imposibles de creer y a una retahíla de mujeres, una por película, que acabaron siendo conocidas como Chicas Bond. La intención principal de esta película es alejarse de todo esto y empezar como algo nuevo, lejos del cliché creado por una veintena de producciones pero a la vez, también más cercano al personaje literario: un espía, con todo lo que ello implica. Despiadado, bastante frío, e incluso a veces un poco sobrado, pero mucho más humano y vulnerable que sus predecesores. Siendo la primera entrega, se hace mucho más evidente, haciendo estos rasgos bastante evidentes para hacerlos evolucionar junto a la trama. Y de paso, sentar las bases de este nuevo personaje para las entregas posteriores.

 


Otro detalle añadido a las nuevas es una tendencia a mantener una continuidad: los guiones siguen siendo independientes, pero no el personaje, quien evoluciona con cada uno de ellos. Y es precisamente su comienzo como 007 en Casino Royale y el personaje de Vesper Lynd los que le aportan este matiz. Desde su vuelta en 2006 solo ha habido una “chica Bond” como tal, y es la interpretada por Eva Green. Un personaje principal cuya influencia en la vida de Bond tiene el suficiente impacto como para que sea un rasgo permanente en las siguientes secuelas. No es que sea el colmo de la complejidad, porque en algunos momentos su trasfondo parece un poco forzado para darle la contrapartida al espía, pero su actriz es el segundo acierto del casting. Conocida hoy en papeles femeninos agresivos en muchos casos, y especialmente, teatrales (además de ser capaz de darlo todo en cosas como 300, El nacimiento de un imperio y Sin City 2, que ya es decir), aquí opta por una interpretación mucho más comedida, pero igual de interesante.

 


La trama también está muy alejada de todos los tópicos anteriores. Alejada de todo lo que caracterizaba a los villanos de entonces, pero también de los de la década en la que la novela fue escrita: en este caso, el terrorismo y la especulación financiera como telón de fondo. Aunque, en cierto modo, se conserva parte de esa tendencia a incluir antagonistas un poco irreales, o con alguna característica extraña: Le Chiffre, al menos en esta versión, cuenta con todo tipo de detalles que lo convierten en un personaje bastante de novela: sus habilidades matemáticas, la parafernalia de mafioso, y especialmente, ese curioso añadido de llorar sangre en momentos de estrés. Todo un detalle para despistar al espectador a la hora de presentarlo como un antagonista realmente amenazador. Y que la interpretación de Madd Mikkelsen suponga el tercera acierto en el reparto…aunque recordando al original literario, y que en la versión de 1957 salía Peter Lorre, da bastante que pensar esta tendencia de los últimos años: Los villanos tienen más fandom que los protagonistas.

 


El mayor fallo es la tendencia a conservar un ritmo propio de una película de acción al uso, o al menos, de las de James Bond de siempre: la trama principal gira en torno a un enfrentamiento tan sutil como es una partida de cartas, y a elementos como la confianza y la traición. Pero parecía necesario añadir unas cuantas escenas de persecuciones en países con exteriores vistosos y donde exploten algunas edificaciones. Unos diez o quince minutos en total que suponen lastre para una película que no debería buscar secuencias de tiros para justificarse.
 
 

Casino Royale se considera a día de hoy una de las mejores películas de James Bond, y no se lo niego. En general las otras dos entregas son bastante notables (quizá Quantum of Solace la más floja), pero fue la primera aparición de Daniel Craig en la que se puso más cuidado. Por lo pronto, la cuarta acabará cayendo en un futuro en el que se emita por algún canal de televisión. Y desde luego, esto con las de Roger Moore no me pasaba.
 
Por cierto, las imagen de un villano acariciando a su igualmente malvado gato es todo un icono de la cultura popular y en concreto, entre los personajes de James Bond. Y de los gaticos no me olvido:
 
 

jueves, 9 de abril de 2015

Muertos y enterrados (1981). Un cuento de terror pulp

 



Algunas películas utilizan en su promoción el nombre de otras con más éxito a modo de reclamo publicitario. Especialmente cuando había que competir con algún estreno más grande, y aún a día de hoy no es raro ver carteles donde son capaces de mencionar a los productores ejecutivos de Paranormal Activity para darle bombo. Otros casos son más genéricos y se limitan a un escueto “los creadores de”. Este fue el caso de una película “de los creadores de Alien”, aunque Dan O´Bannon, el guionista de ambas, contara con otras películas interesantes y, en el caso de esta, no necesitaba esta herramienta para defenderse por sí sola.


Muertos y enterrados comienza en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra. O más bien, de Providence, Rhode Island, una localización que a los seguidores de H. P. Lovecraft les sonará enseguida y cuyo nombre hace pensar en la América colonial y pequeñas ciudades costeras. Pero también en leyendas macabras y secretos. Es en uno de esos pueblos donde el sheriff local se encarga de dos asesinatos: las victimas recién llegadas o solo de paso, han sido desfiguradas y es imposible identificarlas.  Sin ninguna pista, este solo cuenta con la información que el dueño de la funeraria y forense local puede proporcionarle. Al menos, cuando no divaga sobre el arte de reconstruir el rostro de los cadáveres y como sus obras acaban bajo tierra. Con sus sospechas sobre lo que sus vecinos e incluso su esposa pueden ocultarle, la investigación tomará un cariz más extraño cuando un lugareño asegura haber visto a una de las víctimas viva y comportándose como un habitante cualquiera.
 



La historia está basada en un relato corto, y eso se nota en el conjunto de la película: esta es muy concisa, con un escenario muy limitado y un desenlace cerrado que impide cualquier posibilidad de continuidad en guiones posteriores. Esto la hace bastante única al tratarse de una producción sin secuelas, que funciona por sí misma y no como parte de una franquicia. Pero, exceptuando el compartir género, la referencia Alien solo sirve para aprovechar el tirón de una obra posterior, porque estas son bastante distintas.

 


La mayor influencia de Muertos y enterrados es el terror pulp: lo conciso de los personajes, la situación un tanto irreal, y especialmente, el mezclar elementos tan propios de esa literatura como son los científicos locos, la magia negra inventada para la ocasión y los giros dramáticos. Tampoco faltan en determinadas ocasiones las secuencias truculentas, como es el caso de los asesinatos que suceden de forma bastante repentina...aunque en realidad, solo se pueden considerar sangrientos comparados con el resto de la película, que es mucho más clásica, y están muy lejos de otras producciones que incluyen la casquería como añadido imprescindible.

 


Visite Innsmouth

La segunda es H. P. Lovecraft, aunque esta sea bastante más sutil y alejada de sus Mitos de Cthulhu. La atmósfera del pueblo, en concreto a la ciudad natal del escritor son claramente reconocibles. Pero también escenas como los habitantes del pueblo reuniéndose en un mismo punto de la playa recuerda a la sensación de amenaza y secretos que Lovecraft consiguió condensar en La sombra sobre Innsmouth.

 


Aún tomando como punto de partida un estilo tan asociado a décadas pasadas y a una estructura muy clásica, y a veces, limitada a estereotipos muy puntuales, es capaz de añadir otros elementos nuevos que vistos hoy resultan bastante adelantados a la época: la fotografía es un elemento que está presente a lo largo de la trama, pero también la grabación, hasta el punto de que sea la proyección de una cinta de película casera la que sirva de hilo conductor para el desenlace y como fondo para una de las mejores, y más innovadoras, secuencias de toda la película. Y para un diálogo final que no tiene nada que envidiar al que podría haberse inventado cualquier científico malvado de los años treinta.

 

Muertos y enterrados puede verse como una película de terror pequeña. Pero pequeña como puede serlo un relato corto, sin que eso afecte a su calidad y originalidad de la histora.  Esta, sin grandes efectos especiales, no tiene otra ambición que el contar una historia de terror propia de un género simple y efectivo.

 

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