Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 18 de diciembre de 2014

Lecturas de la quincena



Si me despisto un poco más, hago un mes sin subir una sola entrada sobre libros. Todavía tengo alguno por terminar, y más ahora que he vuelto a pillarle la afición a los comics, pero estos son los más recientes. Como pasa muchas veces, cualquier elemento común entre ellos es pura coincidencia.



 Hitchcock. Hablemos con el diablo. Lo de poner a Hitchcock en la portada se debe más bien a que prestaba su nombre, y un prólogo, a una serie de libros formada por distintas antologías de relatos de carácter policiaco, de suspense, y con ciertas cantidades de humor negro. Más o menos, como en aquel programa de Alfred Hitchcock presenta, y que al igual que estos libros, se emitía sobre los años sesenta. En España tuvieron una edición a finales de los noventa, en las que practicamente no se debieron saltar ni uno de los libros, pero que tenían unas portadas condenadamente feas.

Es difícil escribir algo en conjunto sobre unos veinte relatos, cuando todos son bastante variados exceptuando su temática policial. Pero puede decirse que casi todos se caracterizan por ser muy breves, incluso para lo que sería un cuento escrito a día de hoy, y que todos ellos juegan con temas comunes como la resolución de crímenes, intentos de asesinatos variados, y cómo estos terminan de la forma más inesperada posible. La calidad varía mucho de unos a otros, y lo cierto es que es un tipo de lectura que hoy no ha envejecido muy bien. En demasiados de ellos hay esposas hastiadas, maridos infieles, asesinatos con motivos justos y mafiosos que se llevan su merecido de forma inesperada. Son este tipo de clichés que en su momento llegaron a ser muy utilizados, pero que hoy se han quedado anacrónicos, como le pasó a lo de “el asesino es el mayordomo”.
En general, es una lectura entretenida para muy de vez en cuando, sobre todo cuando se quieren leer piezas muy breves y que solamente se queden en la cabeza aquellas que parezcan un poco más interesantes, o que tengan el final más sonado de todas. 


Daniel Pennac. Monsieur Malaussène. Tras cuatro libros donde Benjamin Malaussène vive todo tipo de peripecias extrañas, llega el momento en el que pasa de ser un hermano de familia responsable, como suele definirse, a un futuro padre. Pero el barrio de Belleville, donde vive con su familia, siguen pasando cosas extrañas: las prostitutas han empezado a desaparecer sin dejar rastro, el último cine puede salvarse convirtiéndose en filmoteca, y la pareja de Benjamin, Julie, es precisamente la heredera de esta labor y la encargada de hacer que se proyecte, una única vez, una película a la que sus autores, un matrimonio que dedicó toda su vida a esta filmación, la llaman “Película Única”.
Al igual que los otros tres, el libro está muy marcado por una trama de carácter policiaco que se mezcla con las situaciones más absurdas. Después de haber leído sobre atentados en un centro comercial, asesinatos de policías o de directores de prisión en los tres anteriores, ahora le toca el turno a unos asesinatos en serie bastante grotescos, que poco a poco acabarán entrelazándose con la trama sobre la Película Única, el hijo de Malaussène y…una monja embarazada sin saber cómo (sí, así tal cual sale).
Además de ser el más extenso de la serie, también resulta ser uno de los más flojos. Los anteriores conseguían mantener, en mayor o menor medida, ese equilibrio entre lo policiaco y el absurdo más evidente. Aquí es como si al autor se le fuera la mano y no fuera capaz de parar en ningún momento: no para de presentar situaciones a cada cual más absurdas, personajes raros, y de contar la vida de todos los personajes que se le ponen a tiro. Vamos, que llega un punto en el que planta en las páginas la biografía de no una, sino tres generaciones de una misma familia. Lo que en otros casos se convertía en una forma muy curiosa de digresión, y que rompía el ritmo para bien, aquí se vuelve más un lastre, y en cualquier momento temía que el capítulo siguiente consistiera en la vida de cualquier secundario que hubiera salido por ahí. En cuanto a las situaciones extrañas, que son algo habitual en la saga, poco debe quedar en su imaginación que no hubiera salido ya en este tomo, hasta el punto de saturar muchos capítulos con giros extraños.
A su favor cuenta con incluir un par de referencias sobre el mismo universo de los personajes, planteándose si todo lo que se ha leído anteriormente no es una ficción escrita por uno de ellos, que resulta bastante efectiva y hace que toda esa acumulación de acontecimientos imposibles se hagan un poco más llevaderos.
Lo cierto es que tras este tomo quedé un poco aturullada de la familia Malaussène, y que Pennac se ha excedido un poco en su estilo de narración…y que uno de los motivos por el que no voy a quedarme sin terminar la saga es porque los dos siguientes son muchísimo más breves. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Drácula, la leyenda jamás contada (2014). El Vlad Tepes heróico.


A Drácula, conde o no, lo hemos visto en todo tipo de situaciones cinematográficas. Como vampiro con capa y smoking, como el graf Orlok, en series B, Z y en algunas producciones bastante más dignas. Menos habitual era mostrar sus orígenes históricos como Vlad Tepes el Empalador. Este había aparecido en el Drácula de Francis Ford Coppola, como origen del de Stoker, y ahora se le da un protagonismo absoluto en Drácula Untold.



En esta Leyenda jamás contada, como dice el título en castellano, toma como punto de partida parte de la historia real de Tepes: como prisionero de los turcos durante su infancia, y como gobernante de Transilvania y defensor de su pueblo. Pero cuando los turcos deciden exigir como tributo, una vez más, a todos los niños de la región, la historia bélica de Centroeuropa toma un matiz más fantástico: ante un ejército invencible, solo puede arriesgar su alma mediante un trato acordado con un vampiro, quizá el primero de todos ellos:  durante tres días, tendrá la fuerza y debilidades de un no muerto, tras los cuales volverá a ser humano. Pero solo si durante ellos no prueba la sangre humana. En ese caso, no solo se convertirá en vampiro a tiempo completo si no que también liberará a aquel con el quien hizo el pacto.


La premisa es muy atractiva: por una vez deciden alejarse de la mayoría de estereotipos que rodean a Drácula como personaje cinematográfico clásico, y plantean una historia de acción y fantasía oscura sobre los orígenes históricos de su personaje. No me meto en cuestiones de rigor histórico porque esta película, desde un principio, no pretende tenerlo, sino tomar algo como punto de partida para una historia fantástica. Vlad se convierte en un héroe trágico, con esposa e hijo incluido. En realidad sabe casi desde un principio, que su trato con el vampiro no va a tener un final feliz. El que esto se intuya, no impide que muchas secuencias haya tensión por lo que pueda pasarle a los protagonistas, o se tema que en cualquier momento a Drácula le de por pegarle un muerdo a alguien a la más mínima tentación. En este sentido, esa tensión se va manteniendo muy bien hasta el último momento. También gracias a Luke Evans en su papel como Vlad, que resulta bastante creíble y cercano. En realidad es en él en el que recae la mayor responsabilidad a la hora de aportar el factor humano, porque los secundarios son casi inexistentes, por lo que es el él el que se encarga de llevar casi toda la película a buen puerto.



El origen de drácula como figura histórica era algo que ya se había explotado en el prólogo del Drácula de Coppola, y es aquí cuando empiezan las comparaciones. Porque al igual que muchas películas menores, a esta se le notan demasiado las influencias: la introducción recuerda un poco a la puesta en escena de 300, al igual que una montaña que el personaje escala para hacer un trato peligroso. En la de Zack Snyder había unos adivinos traicioneros, en esta un vampiro poco honrado...pero el parecido se nota. Algunas escenas de lucha también son bastante deudoras de este estilo de rodaje moderno, con el héroe avanzando entre filas de enemigos. Otras resultan algo más creativas, como una batalla reflejada en el filo de una espada, y otras, directamente, parecen sacadas de la intro de un videojuego. En general es bastante solvente con su presupuesto, pero a veces se nota que para lo que quieren hacer, no disponen de los cientos de millones de otras producciones.



El principal fallo acaba viniendo del argumento. No se debería pedir mucho a una película sobre caballeros de armaduras desgastadas y héroes trágicos, pero en muchas ocasiones, esta acaba derivando hacia el absurdo. La introducción del primer vampiro está tan pillada por los pelos que no llega ni a ser un macguffin, y el que metan por ahí un diálogo sobre profecías tampoco ayuda. Pero son muchas de las secuencias correspondientes al ejército turco y a las batallas las que se llevan la palma, especialmente en la última media hora. Quizá al guionista le pareció muy efectivo que el último ejército turco fuera por ahí con los ojos vendados para demostrar lealtad ciega a su sultán (que les echa una arenga sobre el tema, por si no quedaba claro), pero cuando el público empieza a preguntarse qué demonios van a hacer cuando tengan que subir por un escarpado, o cuando directamente, tengan que hacer lo suyo que es pelearse con el enemigo ¿A quien se le ocurrió esto? ¿A los Monty Python? Y que Drácula como parte de sus poderes pueda invocar interminables bandadas de murciélagos puede resultar visualmente impresionante, pero exceptuando arañarles la cara, contagiarles la rabia o enredárseles en el pelo, no les veo mucha utilidad. Tampoco es que el origen del vampirismo quede muy bien resuelto, limitándose a una aparición final de Charles Dance  por aquello de cerrar esa trama. Personaje, que después de dedicar todos sus diálogos a anunciar de forma tremendista lo terrible que sería su liberación para el mundo, no hace gran cosa. El elemento temporal merecía mención a parte, porque directamente, parece que se haga de noche a gusto del guionista: en un principio quería tener presente todo el tema de la debilidad a la luz solar, y recuperar a su favor el que Drácula pueda provocar nieblas (como salía en la novela de Stoker), pero en la práctica, lo mismo cae el sol que se levanta, que se forman unas nubes cuando haga falta.



Por lo visto, Drácula Untold parte de la idea de hacer una especie de nueva versión de los Monstruos de la Universal, y que esta sería la primera tras la que podría venir la Momia y unos cuantos más. Lo cierto es que es una curiosidad el ver cómo han optado por plantear la película pensando en lo que podría gustarle al público moderno, aunque también parecían demasiado ocupados pensando en este público objetivo como para pulir el guión como deberían. De todas formas, también me gustaría ver una nueva versión de la momia algo más oscura que aquella tan ligera y para todos los públicos (aunque me entretuvo también) con Brendan Fraser. Y, puede que este Vlad Tepes no haya sido todo lo que debería, pero comparado con aquella cosa tan rara y llena de monstruos infográficos que fue Van Helsing, sí ha sido bastante digna.



jueves, 11 de diciembre de 2014

Night of the Comet (1984). Por si no fuera poco lo de los zombies, todo está cubierto de polvareda roja.


No recuerdo haber visto muchas películas apocalípticas hechas en los ochenta. De invasiones que se resuelven en una noche, bastantes, pero ninguna que planteara un escenario más a largo plazo. Bueno, están las de Mad Max y todos los derivados que salieron a partir de este, pero no es lo mismo, porque estas estaban planteadas en fechas tan lejanas como el 2000, o el 2016, y no un plazo más inmediato como sería habitual más tarde. Pero lo bueno de esta década es que siempre me queda algo por ver, y en este caso, Night of the Comet cumplía varios requisitos: lo del fin del mundo, unos cuantos zombies, y además de no haberla visto, no me sonaba de nada. 


El título, además de sonar un poco a película de los cincuenta, es bastante acertado: todo comienza con el paso de un cometa junto a la Tierra. Ahí se nota que la gente no se acuerda de El día de los trífidos, porque en vez de correr a esconderse como si el cielo cayera sobre sus cabezas, se reúnen para ver el espectáculo nocturno. Al día siguiente, solo dos hermanas que no estaban fuera esa noche, descubren que lo único que queda de la ciudad son ropas desperdigadas por las calles y un extraño polvillo rojo que flota en el aire. Este no es especialmente amenazador, pero sí lo son algunos de los supervivientes, que horriblemente desfigurados, atacan y devoran a todo lo que se encuentran. 



Lo primero que llama la atención es que la película mantiene un tono bastante serio. En un principio me esperaba un guión que no se tomara demasiado en serio a sí mismo, algo más despreocupada y con toques de humor como podía haber sido Killer Clowns o Waxworks. Quizá ayude que la estética es muy parecida a ese tipo de serie B, donde abundan todo tipo de modelos de la época, canciones pop que sonaban en el momento y..bueno, todo lo que hace pensar que algo es muy de esa década. De hecho, este estilo hace que en algunas situaciones esta seriedad resulte bastante chocante, porque en más de un momento la banda sonora, con mucho sintetizador, o directamente, alguna canción bailable, no pega ni con cola en secuencias donde los personajes tienen que esconderse o huir de un zombie. Esto se nota todavía más al final, cuando después de pasar la mitad del metraje intentando construir situaciones un poco más dramáticas, se descuelguen con unas secuencias entre cómicas y optimistas más cercanas a las otras producciones. De todas formas, esta aproximación a la ciencia ficción evitando la parte cómica sí fue bastante interesante, sobre todo porque es algo que me había acostumbrado a esperar en este tipo de cine.



Lo segundo, y seguramente por haber planteado el guión de una forma más seria, es el encontrarse con personajes bien planteados. O, al menos,  lo son los dos principales, una chica y su hermana menor a las que les han dado un carácter y un trasfondo bastante lógico para que actúen de la forma adecuada en una situación concreta. En este caso, lejos de las adolescentes típicas, se les añade el trasfondo necesario para poder arreglárselas solas (en este caso, haberse criado en una familia de militares), además de resultar muy poco ñoñas: tienen mala gaita, beben como esponjas y son capaces de tumbar a algún que otro zombie a patada limpia. Son detalles que aún hoy parecen bastante adelantados a su tiempo, y un tipo de protagonista que sigue sin ser habitual. Incluso detalles menores, como la ropa desperdigada por la calle, resultan curiosos: quien hubiera pensado que treinta años después tendrían su propio momento de gloria como meme en Internet.



Respecto a la historia, entre ciencia ficción y género postapocalíptico, es fácil ver la inspiración en todo momento. El día de los trífidos, El último hombre vivo, e incluso Zombi se reconocen en todo momento, y es en lo primero que se piensa al ver las calles vacías y sobre todo, las inevitable visita al centro comercial. De hecho, los zombies, o infectados que aparecen, también son más cercanos a la película de Charlton Heston que a la de Romero. Aunque esta es una de las partes más flojas de la película: salen cinco contados (infectados aparte), y parece que los han metido ahí para dar algo de miedo extra, sin saber muy bien qué hacer con ellos. A ratos son zombies, a ratos infectados, a ratos psicópatas..lo que le haga falta al guión en cada momento.


Aunque no parezca  en principio una película redonda, pero como la mayoría de estas que suelo encontrar, acaba por gustarme. Además de ser de las que me faltaba por ver, tiene detalles que no suelen verse en este tipo de cine, y precisamente por esto, me entretuvo hasta el punto de encontrarme con secuencias que no había visto venir. Y de nuevo, vuelve a recordar que para hacer una película de ciencia ficción de este estilo no es necesario tirar de demasiados efectos especiales: años después, Dead Shadows intentaría contar lo mismo con más alienígenas, más tentáculos…y bastante menos gracia que Night of the Comet. 

lunes, 8 de diciembre de 2014

Fall of Cthulhu. La pelea de dioses que H. P. Lovecraft no hubiera imaginado


El verdadero horror no es el primigenio, es la aspiradora del fondo

Los Mitos de Cthulhu es una de las invenciones literarias a las que más cariño le guardo. Después de las obras completas de Lovecraft, vinieron unas cuantas recopilaciones y pastiches. Que también disfruté, pero con el tiempo fui perdiendo interés al encontrar otras lecturas y porque estas solían quedar bastante limitadas a una estructura que H. P. L. había explotado bastante. Pero de vez en cuando todavía me da la morriña y me animo a leer algo que se haya escrito recientemente. En parte por esto, y en parte para comprobar si el esquema narrativo de los pastiches, que había visto hasta la saciedad, ha variado un poco. Lo que sí supone una novedad es que en lugar de libro, fuera un comic el que me llamara la atención con una portada llena de tentáculos y viandantes amenazados por la locura.

(Advertencia: esta entrada contiene un 50% más de lo habitual en referencias específicas y gaticos)



Fall of Cthulhu es una serie relativamente larga. Relativamente, porque en realidad está dividida en varios arcos de cuatro o cinco números, y no llega a la extensión que puede tener, comparándola con otros comics que también compro, Los muertos vivientes. Pero para lo que suele ser una historia lovecraftiana sí que es bastante extensa. Esta no se limita a historietas breves sino que cuenta una historia competa, dividida en distintos personajes, que comienza en Nueva Inglaterra. Tras presenciar el suicidio de su tío, un hombre normal y corriente descubre que el mundo que conocía es mucho más inquietante: en sus sueños conoce a una figura grotesca llamada La Ramera, guardiana de todos los secretos de la humanidad. Rodeado de muertes grotescas y sucesos extraños, solo el propietario de un destartalado hotel parece dispuesto a ayudarlo. Pero esto es solo el principio: un tiempo después, un detective y una ladrona se enfrentarán a varios asesinatos sobrenaturales relacionados con un enfrentamiento entre dioses que  podría acabar con la vida en la Tierra. O al menos, con la de dos patas. Porque uno de los compañeros del antagonista principal es un gato que parece bastante indiferente a esto del fin del mundo. Y sí, esto también ha hecho que mi simpatía por alguien que quiere llevar el caos y la devastación al planeta suba varios enteros.


Un poco de nightmare Fuel, que llevaba tiempo sin poner nada

Aunque hay varias novelas de esta temática, para mí un arco tan extenso es una novedad, al estar más acostumbrada a recopilaciones. Una novedad interesante, en este caso, porque da para una historia con bastantes giros, como corresponde a un comic de acción, y para que los personajes vayan presentando un carácter y un desarrollo más allá de volverse locos ante la primera abominación que se les plante delante…Algo, por otro lado, que es de recibo en cualquier narración de los Mitos de Cthulhu. Además, consiguen evitar uno de los clichés habituales en este tipo de ficción, que es la de caracterizar a las criaturas según bando. Desde que Augusth Derleth retomó los Mitos, los primigenios como entidades negativas y Nodens como un dios bondadoso que ayuda a los protagonistas se había convertido en canon. En cambio, el mundo que se plantea en Fall of Cthulhu es mucho más desesperanzador: estas criaturas, o bien pasan de la humanidad, o bien pretender verla aniquilada, y tanto los seguidores de unas u otras son igual de sanguinarios y peligrosos para los protagonistas.



Este ambiente opresivo es bastante efectivo en los primeros números. Estos son los más cercanos al terror lovecraftiano que podía plantearse, haciendo que la propia ciudad sea parte de la historia y otra amenaza para el protagonista. Porque según avanza la trama, esta se plantea como un sitio lleno de secretos que muchos prefieren olvidar o ignorar. Como curiosidad, estos no se limitan a los lugares imaginarios, sino a los escenarios realistas ideados por Lovecraft, como Arkham o la Universidad Miskatonic. De este modo, la historia se plantea todavía más como una ficción, evitando algo habitual también en este género: las referencias. Con esto de que Lovecraft acabó volviéndose casi un personaje, no era raro que siempre hiciera algún cameo o mención en muchos casos. Esta vez también se ha evitado, cosa que se agradece porque es preferible disfrutar de la historia de terror como tal, en vez de tener que hacer el guiño. Además, hay otros comics bastante interesantes que ya lo han incluido, sin necesidad de que esto se convierta en una norma.

El planteamiento, y la adapción que ha hecho de muchas convenciones, es interesante. Pero el comic también cuenta con bastantes fallos. De entrada, no consigo acostumbrarme a que cada dibujante sea de su padre y de su madre, porque esto hace que la diferencia entre cada volumen sea abismal, y en muchos casos,  irregular. En las viñetas hay un poco de todo: desde un estilo con muchas sombras y manchas, muy adecuado para una historia de terror, a otro que, entre el tipo de dibujo y el color con volumen y degradados aplicado por photoshop parece sacado de cualquier Ultimates de Marvel. Otros suben el nivel de nuevo con un trazo similar al de Mignola, pero con  más detalle, y otros lo vuelven a echar por los suelos con unos dibujitos que parecen hechos por un aficionado.



Por desgracia, el guión también sufre estos cambios de estilo tan bruscos: Fall of Cthulhu empieza con un planteamiento de horror puramente lovecraftiano, donde la única salida que pueden tener sus víctimas es la locura. Progresivamente va convirtiéndose más en una aventura de horror con toques de acción, para terminar con un despliegue de primigenios peleándose delante de los personajes, cosa que acaba contradiciendo lo que se empeñaron en construir los diez números anteriores. No tiene mucho sentido intentar mantener presente la idea de locura y de cosas que no deben ser vistas por el hombre, cuando acaban saliendo por ahí un montón de cosas con tentáculos y nadie se inmuta demasiado. O peor, se lían a tiros como en una partida de La llamada de Cthulhu.


¡Se lo leeré a Sabela y Narnia antes de dormir!

Quizá me esté poniendo demasiado exigente con este cómic, porque lo cierto es que con todos estos fallos, y esa progresión hacia un estilo más de superhéroes, me divirtió un montón. Muchísimo más que otras historias de los Mitos de Cthulhu que leí antes, aunque esto implicara pasar por viñetas un tanto desconcertantes y peleas a las que mejor era no buscarles el sentido. Además, acabé siguiendo también con los spin off que dio la serie principal. Hexed, que sigue las aventuras de una de los protagonistas, es más cercano a la fantasía urbana que a los Mitos. Y Némesis..bueno, todavía no lo he empezado. Pero el que este esté dedicado al gato que aparecía en los primeros números y sus intenciones de dominar el mundo, demuestra que los guionistas, además de Lovecraft, también saben un rato de mininos.



jueves, 4 de diciembre de 2014

Topolino, el último héroe. El hombrecito que salvaba a la ciudad


No hace mucho me puse a releer algunos Mortadelos de Bruguera que tenía por casa. Entre historietas del profesor Tragacanto, Sir Tim O´Theo o Doña Urraca, me encontré con una, donde un pequeño monigote vivía una situación cómica en una sola página. El nombre, Topolino, me sonaba más al calzado que llevó mi abuela o al título que el Don Miki tenía en Italia. Pero en otro número, me encontré con que me había quedado bastante volada con las aventuras de Topolino: el solito, con su astucia, se enfrentaba a un ejército con unos trajes y una parafernalia propia de los villanos de los años treinta.  Esto último fue lo bastante desconcertante (y divertido) como para que quisiera buscar algo más que las cuatro páginas que disponía sobre el personaje. Por suerte, había una edición reciente, y disponible en la biblioteca, que últimamente se han puesto bastante aleatorios y de allí lo mismo sacas una BD francesa recientísima, que la colección completa de los Muertos vivientes, manga eroguro e incluso tebeo español clásico más allá de Zipi y Zape. 



Topolino aparece caracterizado como un hombrecito minúsculo, con traje y pajarita muy a la antigua. Como dice la contraportada, su aspecto es más cercano al de un apacible funcionario que al de un héroe, y solo por esto último, cuenta todavía más con mi simpatía. Pero esa pinta inofensiva no impide que viva aventuras de lo más estrafalario, enfrentándose a villanos cuya caracterización es muy similar a la de los pulp de los años veinte. Vamos, algo que hoy se considera tan vintage y referencial que no me imaginaba encontrarlo en una historieta de humor destinada a niños. Estas son muy breves, resueltas en dos páginas, cuatro como mucho, y con una estructura idéntica en todas: Topolino encuentra por casualidad, o lo busca, si es su archienemigo, a un villano con algún tipo de arma y un plan malvado. Gracias a su ingenio y a los inventos de su amigo Colodión consigue detenerlo, aunque el guardia Adolfo suele opinar que son todo invenciones de Topolino, a quien le gustan demasiado los folletines y llamar la atención.


La principal característica de estos comics es su referencia continuada al género pulp, los folletines y las películas de aventuras clásicas. Cosas que a Figueras, su autor, le encantaban, y de hecho comentaba a menudo que este era un tebeo hecho porque le gustaba, y no tanto pensando en los lectores. Hoy son detalles claramente reconocibles, pero en su momento debía ser, para los lectores más pequeños, algo chocante encontrarse con esos sicarios uniformados, aviones monoplaza, dirigibles, e incluso un comic parodiando abiertamente Ella de H. Rider Haggard. A veces parece que con cuatro viñetitas consigue librar a este tipo de literatura de cualquier añadido, quedándose unicamente con lo que la compone: aventuras imposibles, un poco absurdas, soluciones de ultima hora, y sobre todo, ese aire un tanto entrañable que estas novelas de principios de siglo adquirieron a las pocas décadas. 


El humor, que es el componente más importante, parece en un principio, bastante simple: algún porrazo, y la típica confusión de determinados personajes. Pero este no se queda ahí, porque en muchas ocasiones este se vuelve mucho más absurdo, explotando las posibilidades de los diálogos. Y sobre todo, la autorreferencia que aparece en muchos casos: a menudo los protagonistas y sus enemigos parecen bastante conscientes de ser personajes, o directamente, de no tomarse mucho en serio lo que está pasando. No es raro encontrar bocadillos donde el propio Topolino comente que una situación “parece de ciencia ficción camp”, que el Doctor Siniestro diga que si tuviera buena puntería, se acabara la historia, y, en la parte más cómica, la viñeta de un zeppelín estallando mientras el malvado Doctor dice “Rogelio, ¡Te he dicho que no fumaras!”.



El dibujo es el propio de la historieta humorística: muy simple, caricaturesco, y por algún motivo, sin  más escenarios que un simple campo. No sé si por economía a la hora de dibujar o por comodidad. Pero ese trazo tan sencillo también acaba siendo parte de la gracia del personaje y su mundo. No hay nada más chocante que ese dibujo tan “de tebeo” donde sitúa, como si fuera lo más normal del mundo, unos robots similares a los de la Guerra de los mundos o una máquina del tiempo. Además recordando que siendo muy pequeña me costaba mucho menos seguir este tipo de ilustraciones que las de trazo realista, también me provoca más simpatía.

Tras terminar de nuevo las aventuras de Topolino, me di cuenta que Alfonso Figueras no era tan desconocido como pensaba (bueno, en realidad gracias al prólogo de la edición recopilatoria, que citaba más obras suyas). Porque también es el autor de otras historietas cómicas muy marcadas por los ambientes terroríficos y el fantástico. Además de trabajar en los Mortadelos semanales, sus tiras de Mr Hyde y Doctor Mortis aparecieron en los números de Dossier Negro, de las que también pude ver algunas cuantas sin reparar que aquellos dibujos me sonaban. Ahora, en cambio, me estoy planteando en irles a pedir a la biblioteca a ver si consiguen alguno de esos tomos.





Este es un blog cat-friendly

Este es un blog cat-friendly
...Por si quedaba alguna duda