Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 30 de octubre de 2014

The Houses October Built (2014). Un paseo por el tren de la bruja



Una casa del terror es una atracción donde basicamente, se paga para que le den sustos a uno durante un período de diez a quince minutos. Teniendo en cuenta que la mayoría consisten en diversas habitaciones donde se encuentran personajes habituales del cine de terror, no es que estas tengan sentido más allá de la intención de asustar. Pero es precisamente la idea de ser asustado de verdad por algo que supuestamente no lo es, lo que las convierte en un buen escenario para el cine de terror. En un principio, para algo tan sencillo como soltar a un asesino por los pasillos y conseguir un slasher. Pero hoy, cuando un porcentaje importante de este género lo constituyen las películas de metraje encontrado, también sirve para que alguien con una cámara en la mano cuente con una ambientación un poco más variada que un bosque o un edificio abandonado.



 The Houses October Built es un título bastante bonito para lo que ha resultado la producción en sí, aunque también es bastante acertado: hace referencia al negocio de casas embrujadas y pasajes del terror que cada octubre se pone en marcha en Estados Unidos. Estas pueden ir de lo más profesional, con atrezzo y efectos de primera categoría, hasta un granero con cuatro telarañas en el Quinto Infierno a la derecha. También pueden contar con sustos y personajes tradicionales, o tratarse de algo más novedoso y extremo, que es lo que los protagonistas buscan en su viaje a través de varios estados. Estos, cansados de las atracciones habituales, pretenden localizar un espectáculo más underground, conocido unicamente como Blue Skeleton, y que conocen solo por referencias vagas. Su manía de filmar en muchas localizaciones y su actitud un poco tocapelotas hace que se ganen la animadversión en varios de estos espectáculos..y que mientras buscan la Casa del terror definitiva, se encuentren con varios personajes un tanto inquietantes, que les hacen sospechar que tal vez todo eso de Blue Skeleton no es solo una diversión inofensiva.

 

 La película nació en un principio como un documental del mismo nombre, y parte del metraje proviene de pasajes del terror y trabajadores reales. Si el tema interesa, es lo más llamativo de la película y a mí me han quedado ganas de ver documental original. Con el tipo de filmación que utilizan, es fácil hacerse una idea de cómo se ven muchas de estas atracciones (también es cierto que a veces no se ve nada por las carreras y porque está más oscuro que la tripa de un grillo). De nuevo, esto es un tema que tiene que interesar mucho, y también puede hacer que parte del público se aburra bastante. Por suerte, también esta parte es la mejor trabajada y la que sirve para ir dando paso a la trama principal y crear una sensación de inquietud que funciona muy bien: los primeros conflictos sirven para utilizar a dos de las caracterizaciones como secundarios recurrentes y que, entre las máscaras, su actitud dentro del personaje y lo aleatorio de sus apariciones, son bastante efectivas. A partir de ahí, el numero de situaciones extrañas va aumentando y consigue momentos la mar de curiosos, y muy logrados, como un bar en el que todos sus clientes son actores de estas atracciones…que no se han quitado sus disfraces y su forma de actuar con los protagonistas es de todo menos normal.



 Exceptuando lo interesante de la premisa, el resto del metraje es lo habitual en este género: los personajes son cuatro cartones con una cámara en la mano que corren cuando hay que correr, y basicamente, se meten donde no les llaman. El grupo en cuestión es bastante insoportable y su actitud contreras no ayuda mucho a que se les guarde la más mínima simpatía: ¿Qué prohibido grabar? Pues dale con la cámara ¿Qué prohibido salirse de la línea? Pues hala, a subirse a un tejado…Y todavía se quejan de que el personal es desagradable con ellos. Además, teniendo en cuenta el carácter aficionado del punto de partida, como es recorrer pasajes del terror y encontrar uno que se salga de la norma, el comportamiento de los personajes tampoco tiene mucho sentido: no importa que pasen todo tipo de cosas raras, amenazas, o que alguien a todas luces los esté acosando. Ellos, ahí siguen impasible, con su camarita en mano y empeñados en encontrar lo que habían buscado. Que, por su puesto, lo encuentran, pero después de echar un buen rato construyendo una sensación de rareza, y de terrero desconocido, bastante efectiva, esta es bastante decepcionante y cuenta con un final muy típico y tópico del este subgénero.



 No se trata de una gran película. Ni tampoco una especialmente buena, ni original, siquiera. Pero cuenta con un punto de partida bastante atractivo y que principalmente, se ve por el interés que pueda generar el mundo de las atracciones terroríficas en Estados Unidos. Y como mezcla de documental aficionado y ficción, funciona bastante bien, al menos en su primera hora.

lunes, 27 de octubre de 2014

Al filo del mañana (2014). Un día tras otro tras otro...



Hay un tema en la ciencia ficción, y más concretamente, en los viajes en el tiempo, que es el de volver y repetir un momento determinado en el tiempo. Puede tomarse de una forma muy metafórica, como optaron en Black Mirror, o en una versión más literal, la de volver físicamente a ese tiempo determinado y poder enmendar un error con lo aprendido.


Al filo del mañana explota esta posibilidad al máximo: la repetición una y otra vez de una batalla por parte de un soldado, con las infinitas posibilidades que genera cada una de sus acciones. Pero el punto de partida es todavía más amplio, porque esta batalla no es la de una guerra cualquiera, sino un enfrentamiento entre los humanos y unos alienígenas que, desde hace años, han convertido el planeta en una zona de guerra. En el que sería el enfrentamiento decisivo entre dos especies, un soldado descubre que, en el momento de su muerte, vuelve a despertar el día anterior, recordando todo lo sucedido. Esto le proporcionará la ventaja necesaria no solo para conseguir el entrenamiento necesario, sino para conocer a otro soldado que llegó a tener esa misma capacidad. Capacidad que puede ser la clave para derrotar a los alienígenas, y que con cada día, con cada muerte, con cada nueva decisión, se acercan más al verdadero final de la guerra.



 Aunque había oído buenas críticas de la película, no terminaba de animarme. En realidad el punto de partida me parecía algo agobiante. Y de una forma muy aleatoria, me recordaba un poco a El efecto mariposa, aquella película de cuando Ashton Kutcher intentó ser actor dramático, y que retorcía el tema repitiendo situaciones hasta la náusea. Además, estaba basado en un manga, cuando este tipo de adopciones no suelen funcionar muy bien (especialmente porque han pasado de unos adolescentes pilotando exoesqueletos a Tom Cruise haciendo de militar degradado. Y me parece que ha sido una mejora). Pero donde esperaba una historia que consistiera en repetir las mismas secuencias, o algo mucho más cerrado y claustrofóbico, me encontré con una narración más dinámica. La secuencia de la primera repetición dura muy poco, y tanto la adapción del protagonista como el encuentro con secundarios en su misma situación es lo bastante rápida como para que esa sensación de que todo transcurra en el mismo día se diluya mucho. Además, aprovechan un elemento interesante como el de las posibilidades que genera cualquier variación en la actitud de los personajes, haciendo que cada momento sea distinto, pero dando a entender que este puede haberse repetido muchas más veces que las que aparecen en pantalla. Naturalmente, hay algunas escenas fijas que se mantienen, como el primer encuentro con determinados personajes o el despertar del protagonista, pero muy dosificadas de forma que pasan a ser una constante o un guiño un poco irónico con el público.



 En cierto modo, este tema no es tanto la trama principal sino un hilo conductor que cuenta con una gran importancia. Porque en realidad este sirve para contar de una forma distinta una historia sobre invasiones y guerras contra alienígenas de las de toda la vida. Pero también planteada desde una perspectiva alejada de las habituales. No hay secuencias tópicas sobre la destrucción de los principales monumentos turísticos del mundo (la próxima vez que un marciano se cargue la torre Eiffel, le aplaudo), sino que la situación es bastante posterior, mostrando los efectos de años de guerra en núcleos de población. Además, al jugar con referencias a determinados lugares, hace que este resulte mucho más cercano. Y es que apodos como El ángel de Verdún en pleno 2014 son todo un acierto.



 Seguramente la agilidad con la que se plantea el tema de la repetición temporal es por su vocación de película de entretenimiento. Porque su cantidad de acción y efectos especiales demuestra su vocación de superproducción, y en su última parte es un despliegue de medios y combates bastante típico. Pero al menos en su primera mitad, este es mucho más comedido, y cuenta con un aspecto estético bastante interesante: el diseño de la tecnología empleada, muy pesada y aparatosa, recuerda en cierto modo a una maquinaria bastante más antigua. Y, aunque no sé si era intencionado o no, la aparición de uno de los personajes, con una armadura mecánica y una espada en mano, llegó a recordarme a algunos diseños de Warhammer. Aunque esta vocación de superproducción, que en cierto modo no se va a terminar arriesgando demasiado, se acaba notando: el desenlace acaba volviéndose muy tópico, con un enfrentamiento final en el que se sabe perfectamente que los personajes no van a fallar una sola vez ¿Qué se han pasado toda la película repitiendo el mismo día una y otra vez como el catecismo, para sacarlo por prueba y error? Aquí no pasa nada, que les va acabar saliendo todo a la primera. Y si no, los incomprensibles alienígenas algún error cometerán para facilitar el camino.

 De todas formas, tampoco puedo ser demasiado crítica con esto, tratándose de una película que, con una premisa que no terminaba de gustarme, ha sabido resolverla de forma ágil y efectiva.

jueves, 23 de octubre de 2014

Susan Hill y La mujer de negro. Una historia de fantasmas clásica



Podía parecer, que a nadie se le ocurriría escribir un cuento de fantasmas a principios de los ochenta. La Haunting of Hill House de Shirley Jackson y La mansión infernal de Matheson quedaban una o dos décadas lejos. Stephen King estaba en la cima y Clive Barker empezaba a recopilar sus Libros sangrientos…los espectros parecían un poco fuera de lugar en ese momento. En cambio, una novela muy breve de Susan Hill, es algo menos conocida, aunque tampoco desmerece en comparación con las anteriores.



El punto de partida es el que podría encontrarse en muchas narraciones de hace dos siglos: un joven abogado llega al Norte de Inglaterra para solucionar los asuntos legales de una anciana que acaba de fallecer. En medio de un paisaje desolador, en una mansión aislada por la niebla y las subidas de la marea, el ambiente opresivo comienza a afectarle. Entre la bruma escucha los gritos de un niño, una mecedora en la mansión parece moverse sola, y en determinadas ocasiones, ha visto a una mujer enlutada que se cubre la cara con un velo. Unos viejos documentos le hacen sospechar que hace años, algo sucedió en la mansión y a la familia que vivió en ella. Un hecho que los habitantes del pueblo podrían conocer pero que intentan evitar en todo momento.



A Susan Hill se la ha comparado con Daphne du Maurier y con M. R. James, el maestro de las historias de fantasmas. También se ha calificado su estilo de gótico, y estas dos comparaciones son las que mejor se adaptan a su novela. Esta es muy breve, una novela corta para los estándares de hoy (y de los ochenta también. Aunque King entonces no se había vuelto tan brasas), y más de dos tercios los dedica exhaustivamente a la creación de atmósfera, casi más opresiva que la que llegaba a recrear James en muchos de sus relatos. Con un estilo muy pausado, comienza presentando la vida del protagonista, ya adulto, de una tranquila velada navideña donde no escatima a la hora de presentar a su familia, hasta llegar al comienzo de la historia en sí. Toda ella es muy pausada, construyendo la situación paso a paso, e introduciendo todo tipo de diálogos que ayudan a presentar un escenario tan tangible como claustrofóbico. Podría decirse que las primeras apariciones de la mujer de negro, con su aspecto demacrado, tardan en llegar, pero antes la autora ha trabajado lo suficiente como para que el lector sea consciente de todas las sensaciones del protagonista. Desde la comodidad de la posada, hasta lo desolado del paisaje costero y las tierras donde habitan los vecinos.

Una de las mayores ventajas que ha conseguido frente a su principal referencia, es la capacidad de avanzar una vez descubierto el elemento sobrenatural. Algo habitual en el caso de James era la creación de una atmósfera hasta la aparición del correspondiente espectro y la explicación de qué pintaba ahí el pobre ectoplasma. En este caso, los riesgos que afronta Arthur Kipps, el protagonista, son mucho más amplios: hay un encantamiento que se repite, como en toda historia de fantasmas que se precie. Pero este se entremezcla con una visión más moderna, como el papel que juegan las sensaciones de su protagonista al entrar en determinadas habitaciones de la casa, y que la mayor amenaza sean los accidentes que presenta el entorno. También avanza más lejos que el encantamiento clásico, al dar a conocer las circunstancias en las que han tenido que enfrentar los habitantes tras los sucesos que dieron lugar a las apariciones de la Mujer de negro. Estas suponen un miedo mucho más real, pero también más ambiguo a la hora de interpretar sus orígenes.



Aún sin contar con una adapción cinematográfica representativa, La mujer de negro sí ha tenido muy buena suerte a la hora de saltar a otros medios. Quizá por su simpleza y lo escueto de sus escenarios, cuenta con una obra de teatro que ha tenido bastante éxito, y con dos versiones en cine relativamente fieles…y digo relativamente porque, sin haber visto la primera, la realizada en 2012 con Daniel Radcliffe se toma algunas libertades a la hora de ampliar las motivaciones personales del protagonista. El resultado quizá sea un poco distinto, pero después de haber leído el original y visto su adapción del 2012, puedo recomendar ambas. Y es que es muy difícil encontrar a día de hoy relatos que sean capaces de mantener ese estilo tan clásico sin resultar acartonados. 

lunes, 20 de octubre de 2014

El carnaval de las tinieblas (1983). Terror para todos los públicos. Pero con trasfondo.


Hoy sigue pareciendo extraño que una compañía como la Disney se animara a trabajar con material un tanto macabro. Pero en los ochenta fueron capaces de animarse con fantasía como El dragón del lago de fuego,  producir un largometraje basado en las Crónicas de Prydain, o adaptar un texto de Ray Bradbury que junto a El árbol de las brujas, es una de las lecturas obligatorias en octubre para cualquier chaval anglosajón. 




Something Wicked this Way Comes es el título en inglés, que hace referencia a los versos de Macbeth. Tanto en el libro como en la película, se optó por uno más reconocible para el público, y que tampoco guarda mucha sorpresa (aunque lo de carnaval…más bien feria. Aquí lo que hace pensar lo primero es en chirigotas o en peliqueiros, según donde se viva). Pero esto pierde parte del guiño inicial, porque precisamente la historia comienza con una tormenta y la llegada de una feria a un pequeño pueblo. Dos niños, Jim y Will, quedan fascinados al principio por los carruseles y espectáculos como la Bruja de arena o el pasillo de espejos. Pero la feria oculta algo: una noche, ven como el carrusel gira al revés y sus pasajeros rejuvenecen. Varios habitantes del pueblo desaparecen, y  Mr Dark, el propietario de la feria, sabe la amenaza que presentan dos chicos que han visto demasiado.




La adapción en este caso es bastante fiel a la novela, tanto en argumento como en la atmósfera que mantenía el libro. Esta ambientación es bastante particular, donde la época son unos posibles principios de siglo en un pueblecito bastante bucólico. Todo es luminoso, detalle en el que se incide bastante con las primeras líneas que se recitan al comienzo de la película, sacadas directamente de la novela. Se nota que no se ha buscado en ningún momento una estética más macabra, y que la impresión de lo extraño viene directamente por la aparición de Dark y los personajes de su feria...aunque lo cierto es que estos no parecen nada más extraño ni amenazador que cualquier otro espectáculo. Es un detalle interesante, teniendo en cuenta que la idea principal consista en que solo los protagonistas sean conscientes del peligro.



También es uno de esos casos en el que el guión mejora el material. Han mantenido detalles sobre los protagonistas muy importantes, como el tema de la edad, el miedo a envejecer, o la ausencia del padre, algo que afecta especialmente al personaje de Jim. Pero también adaptan detalles que en la novela resultaban un poco chocantes, como el caso del padre de Will: resultaba un poco difícil el creer que al buen hombre le pesaran tanto los cincuenta años que tenía en el libro, elemento que se soluciona de forma mucho más efectiva utilizando a un actor mucho más mayor y creíble para desarrollar esa trama. En cambio, otras no funcionan también al hacer que la situación pierda bastante el tono de peligro que pretendía mantener: mientras algunos de los secundarios desaparecen como víctimas de la feria, uno de ellos se salva de forma bastante arbitraria, perdiendo un momento bastante macabro que podían haber conseguido.



Aún con los carruseles diabólicos, los personajes siniestros y el mes de octubre de trasfondo, no se trata de una película con grandes efectos especiales…vamos, que quien contara con grandes secuencias aprovechando ideas como la de una sala de espejos, o una bruja imposible de matar, se va a llevar un chasco. Porque la realización es muy simple, tan simple, que, ligado a esa fotografía tan clara y luminosa, a veces da la impresión de estar viendo un telefilme parecido a La casa de la pradera, al menos en los primeros momentos. Los efectos son tremendamente básicos, quedando muy lejos de lo que suelen invertir hoy, y basicamente, es una historia sobre elementos más reales, como la vejez o la amistad vista desde la nostalgia por la infancia. La parte sobrenatural, sorprendentemente, funciona igual de bien. Pero gracias a elementos tan simples como un desfile de carnaval que solo resulta macabro por lo que el espectador sabe, o por la interpretación de Jonathan Pryce como Mr Dark, hablando acerca de la Gente del Otoño y el cometido de la feria.

Hoy, como muchos otros guiones, Disney se plantea un remake. Seguramente será más espectacular y no faltarán escenografías que quiten el hipo y secuencias en CGI. Pero si van a quedarse solo con ferias en 3d y monstruos que le hagan juego, me quedo con la versión original.




jueves, 16 de octubre de 2014

Lecturas de la semana. De vuelta a Francia


Como indica el título, volvemos a mi segundo país favorito a la hora de sacar lecturas. Aunque últimamente me había dedicado más a los clásicos para todos los públicos, como el pequeño Nicolás o incluso alguno de Bob Morane, echaba de menos un par de autores un poco dispares, tanto en calidad como a la hora de reflejar su sentido del humor.


Daniel Pennac. La petite marchande de prose. En la tercera entrega de la saga Malaussène, donde Benjamín sigue sacando adelante a sus hermanos gracias a su trabajo como chivo expiatorio (vamos, echarse la culpa de todos los fallos con cara de pena, y evitar que presenten demandas), ha habido algunos cambios en su vida: un policía retirado se ha convertido en el abuelo no oficial de la familia y niñera de Verdún, la hermana más joven. También se encuentra cada vez más harto de su trabajo en las ediciones Talión, pero sobre todo, no es muy feliz con la boda de su hermana menor, Clara. Su futuro cuñado triplica la edad de su prometida, y además, es director de prisión. De prisión modelo, pero prisión al fin y al cabo, cosa que tanto a Benjamín como a sus amigos de Belleville no les termina de convencer. Además, su jefa pretende que se haga pasar por un conocido autor de best sellers. Y cuando su hermana Therèse le asegura que él no morirá hasta los noventa años, su esperanza de vida empieza a parecerle demasiado larga.

La serie de Pennac siempre se caracterizó por el humor y por una subtrama de carácter policiaco, muy llevada al extremo: o bien una serie de atentados, o bien de asesinatos, y en este último caso, el del director  de la prisión. En cambio, esta vez se plantea como algo muy segundario, donde el protagonista ya no es sospechoso habitual (más que nada, porque los policías saben que tiene más madera de víctima que de culpable) y acaba siendo arrastrado por todo tipo de circunstancias adversas…hasta el punto de acabar la mitad de la novela comatoso.  Sirve más como una excusa para poner en marcha las aventuras de los Malaussène, y como elemento para retorcer al máximo todas las situaciones absurdas posibles. Si la coincidencia y el realismo fantástico tenían una presencia importante en las dos anteriores novelas, aquí se convierten en lo principal, formando parte una de la otra. También es cierto que esta sensación de absurdo perjudica un poco el conjunto: se pierde capacidad de sorpresa, al saber que tarde o temprano, todo va a encontrar su solución y que su personaje principal va a salir sano y salvo, muy a su pesar. Aún así, uno de los aspectos más divertidos es su retrato del mundo editorial con todo lo que ello conlleva: a los autores espectáculo, el plagio y las campañas de publicidad mayoritaria les sienta muy bien ese retrato un tanto grotesco con el que aparecen. 


San-Antonio. Les anges se font plumer. El comisario San Antonio es, como SAS, uno de esos personajes de literatura de kiosco: con un número de aventuras casi interminable, avanzando a lo largo de las décadas sin envejecer, se convierten en parte de la cultura popular. En el caso del personaje de Frédéric Dard, todavía sigue en activo, gracias al trabajo de su hijo Patrice (el de Dard. No el de San-Antonio, que es un personaje de ficción. por suerte).
A San-Antonio se les puede considerar un James Bond francés. Es agente del servicio secreto, participa en todo tipo de misiones peligrosas y las mujeres lo encuentran irresistible…y ahí acaba la comparación, porque el tipo visto hoy, podría verse como un Torrente en toda regla: es machista, homófobo y reúne el solito casi todos los defectos del francés medio en los años cincuenta y sesenta. Pero también cuenta con un sentido del humor libre de prejuicios, es un agente competente y que adora a su madre Felicie, hasta el punto de llevársela (o más bien, por orden de su jefe, como coartada), a un hotel de playa en Italia donde, en Les anges se font plumer, debe detener a una banda de traficantes de armas.

Con una serie que abarca cinco décadas, la evolución del personaje y del estilo de narración es bastante evidente. En el caso de Les anges se font plumer, es más cercano al policiaco o a las novelas de espías tradicionales, con elementos propios como el tráfico de armas o los secuestros. Pero el sentido del humor del personaje empezaba a hacerse patente, de modo que sus apreciaciones y su manera de narrar. Especialmente, sus apreciaciones sin eso que hoy llaman corrección política.


Para saber más sobre San- Antonio, Béru y Frédéric Dard, aquí mismo

Este es un blog cat-friendly

Este es un blog cat-friendly
...Por si quedaba alguna duda