Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 18 de septiembre de 2014

Películas que me sorprendieron. Para bien



A la hora de ir al cine, soy muy específica. Tratándose de algo que considero un entretenimiento, es difícil que elija una película que no vaya con lo que me interesa. Vamos, que lo último que iría a ver es un drama, una comedia o una comedia romántica. En el primer caso se debe a que nada de lo que suele estrenarse en salas comerciales coincide con lo que me hace reír, y en el último, se trata de un género del que trato de huir lo más lejos posible. Pero algunas veces los prejuicios se han quedado en casa, y me he encontrado con producciones que, aunque en circunstancias normales no las vería ni de broma, hacen que no me arrepienta de haberme arriesgado a salir de lo habitual. Excepto en el caso de las comedias románticas. Ese me sigue haciendo salir en estampida. 



La piel que habito (2011). Almodóvar nunca fue santo de mi devoción. Muy admirado por la crítica y  muy exportable, pero cualquier cosa que pudiera contarme no iba a interesarme. Esta vez se arriesgó adaptando la novela Mygale, de Thierry Jonquet, donde cuenta una historia muy extraña sobre un cirujano y sus intentos por desarrollar una nueva piel sintética, la mujer que utiliza como base para sus experimentos, y los acontecimientos pasados que los han llevado a vivir una relación bastante extraña. Vera vive encerrada en el sótano de la casa, y el doctor Ledgard la trata a ratos con frialdad, a ratos con familiaridad. El comienzo resulta sumamente intrigante, sirviendo para narrar la historia desde ese punto final. A ratos es una auténtica película de mad doctors, que puede recordar a Los ojos sin rostro. A veces, es un drama psicológico, y su planteamiento, en cierto modo, podría considerarse algo de ciencia ficción (o más bien, ciencia ficción de folletín).


Esta quedaba muy alejada de lo que me había imaginado, hasta el punto de quedarme enganchada en una narración muy extraña e intrigante, a la que aún así, todavía podía encontrarle algunos defectos: determinadas secuencias eran muy propias de su director, pero propias hasta el estereotipo. Y secuencias como un diálogo absurdo en una tienda de ropa, o el detonante que utiliza para hacer empezar la historia, rompen muchísimo el ritmo de lo que aparece en pantalla. A veces da la impresión de que estuviera empeñado en recordar al público que se trata de su película, y que no pueden faltar sus detalles propios. Detalles que, después de leer el libro, se hace mucho más evidente su condición de añadido. Aún así, sigue tratándose de una película muy particular, y muy recomendable, de esas en las que se trastoca por completo el desarrollo que intentaba intuir según avanzaba la historia.

La duda (2008). Tratándose de la adapción de una pieza teatral, me esperaba un drama y pocos giros. Tratándose de un drama basado en las sospechas que la directora de un colegio religioso tiene acerca de la relación entre un sacerdote y uno de los alumnos, me esperaba una hora y cuarenta de diálogos intensos. Que por motivos obvios, los hay. Pero también hay una ambientación cuidada hasta el detalle, como esa escuela católica de los años sesenta y la sombra de una II Guerra mundial todavía muy cercana, y unos personajes que hacen que la trama principal resulte mucho más ambigua y compleja. La directora, la hermana Aloysius, comienza como el prototipo de monja fanática, espartana y cerrada a cualquier elemento no católico. El padre Flynn es un tipo jovial, entrañable, y se preocupa por un chico con problemas. Pero esto evoluciona, y la primera se convierte en un personaje muy sólido, que probablemente represente todo tipo de cosas de las que el espectador está en contra, pero a la que es imposible no admirar por su determinación y firmeza. Además, se muestran los problemas que conllevan la jerarquía establecida en una organización católica, donde curas y monjas parecen ser dos clases sociales completamente distintas y una más favorecida que la otra. 



La ambigüedad se sigue manteniendo incluso en la resolución, donde las dudas quedan en el aire: tanto las de la trama principal, como las de la protagonista sobre lo correcto en su forma de actuar. El carácter de drama psicológico de la obra es bastante evidente, pero a la vez, hace un retrato muy efectivo de una parte de la religión católica, de un escenario muy determinado, y sobre todo, de unos personajes a los que en otras circunstancias, me habría resultado imposible admirar por su actitud. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Lecturas de la semana. Homenajes y pastiches


Muchos personajes superan a sus autores para convertirse en algo donde todos acaban aportando su grano de arena. H. P. Lovecraft dio lugar a todo tipo de relatos donde se reutilizaban sus Mitos de Cthulhu. Sherlock Holmes continuó resolviendo todo tipo de casos (y en más de una ocasión, enfrentándose a los Primigenios de Lovecraft). Otros, como Conan, se convirtieron en una licencia exclusiva, donde los autores correspondientes publicaban sus novelas como si de una franquicia se tratara. Y hay casos todavía más raros, donde lo que se homenajea directamente es a la forma de escribir de un autor que, sin haber creado ningún personaje o mundo en concreto, sí goza de la suficiente admiración como para que se escriba algo a su manera. 



Robert. E. Howard. Conan el bucanero. Lo de incluir a Howard como autor exclusivo en este tomo de aventuras del bárbaro es muy relativo, porque tecnicamente solo se encargó de dos relatos. Los otros dos son respectivamente, uno escrito por Lin Carter y Sprague de Camp, y una novela corta, que sin tener nada que ver con Conan, fue reescriba por este último para seguir teniendo material sobre el cimmerio más famoso.
En este caso, continúa la saga del protagonista a partir de varios relatos independientes los unos de otros, donde es abandonado por su banda de mercenarios, se encuentra a su suerte en una ciudad perdida, y se encuentra con alguna criatura prehumana a la que suele finiquitar a base de espadazos.

En general son bastante entretenidos, sobre todo si se lee uno de sus libros de cuando en cuando, pero se nota muchísimo la diferencia entre los primeros pastiches y los relatos originales de Howard. Este no era un gran escritor, y lo limitado de sus recursos y descripciones lo demuestran. Pero su forma de escribir era mucho más fresca y libre de prejuicios que las novelas posteriores. Una de las principales ventajas de su protagonista, era su picaresca, su mala baba, y especialmente, lo políticamente incorrecto que resultaban muchas de sus acciones. Este quedaba muy lejos del otros héroes moralmente intachables, cosa que sus editores con el tiempo fueron encargándose de limar algunos de sus aspectos más escabrosos para convertirlo en un protagonista más al uso y adecuado a los tiempos. 


Tal vez en el futuro, o en un universo paralelo, harán una antología homenaje sobre Renaissance. Y meterán fotos de gaticos antes de cada texto


Joseph S. Pulver (editor). Grimscribe´s Puppets. Lo último que me hubiera imaginado era que a nadie se le ocurriera hacer una antología homenajeando a Thomas Ligotti, un escritor muy poco conocido y que se da muy poco al tema del fandom. Además, exceptuando elementos que son muy comunes a sus relatos, estos no tienen ningún nexo de unión como para que alguien quiera escribir algo tomando como referencia sus recursos y estilística. Pero lo cierto es que Ligotti mantiene cierto estatus de autor de culto y se le considera uno de los mejores escritores de terror del siglo. Además, determinadas situaciones si son claramente reconocibles y utilizables a modo de homenaje o referencia: su obsesión con la soledad, el sinsentido, las marionetas y las ciudades en decadencia aparecen, como elemento principal o a modo de guiño, en muchos de los relatos de la antología.

La calidad de estos es variable: los hay que utilizan algunos de estos recursos para escribir un texto “a la manera de”, y otros que optan por utilizar algún personaje que apareció en un relato de Ligotti para escribir una especie de continuación o spin off. Otros, se van a detalles muy puntuales, como la forma en que fueron escritos un par de cuentos que aparecieron en las primeras antologías del autor. Y alguno, por suerte solo uno o dos, poco tiene que ver con lo que pretendían en Grimscribe´s Puppets y se queda en una recopilación de situaciones sin mucho sentido. No es que este autor sea famoso por la coherencia de sus relatos, pero para poder escribir algo de este estilo, también hay que ser muy hábil. Y en general, este libro se queda en eso, un homenaje que se acaba leyendo por sonar un nombre tan poco conocido como Thomas Ligotti, pero del que solo me quedaría con algo más de la mitad de relatos. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Guardianes de la noche y Guardianes del día (2004-2006). Fantasía urbana en las calles de Moscú


Hay películas con las que parece no haber medias tintas. O se aman con locura, o se odian y no se les encuentra ningún sentido. Algo así pasó con las dos partes de Guardianes de la noche, de quien conozco  a nadie que le pareciera entretenida sin más complicaciones y no se cortan en quejarse del sinsentido que les pareció. Yo, en cambio, soy de las que les gustó esa combinación de fantasía urbana y terror tan particular que  Timur Bekmambetov dirigió antes de volver a desconcertar al público con Abraham Lincoln, cazadorde vampiros. 


Aunque dividida en dos películas, Guardianes de la noche y Guardianes del día cuenta una sola historia: el mundo, el que ignoran los humanos corrientes, está dividido en dos bandos: la luz y la oscuridad, bien y mal…vamos, en principio lo de siempre. Pero hace siglos, para evitar males mayores, estos pactaron una tregua donde se acordó que ninguno de sus miembros cometería actos que alteraran ese precario equilibrio. Así, nacen las dos Guardias: la nocturna, formada por la Luz, se encarga de vigilar a los licántropos, vampiros y criaturas que puedan hacer el mal. La diurna, en cambio, vigila que nadie haga buenas obras en exceso..y aquí es cuando todo se vuelve más complicado. Antón Gorodetski es un miembro de la guardia nocturna, y ni siquiera de los más brillantes. Su trabajo se limita a patrullar junto a sus compañeros y realizar detenciones, como cualquier funcionario del orden más. Hasta que una noche empieza a complicarse demasiado: una chica normal y corriente es víctima de una maldición que podría destruir toda la ciudad de Moscú. Un niño es perseguido por una vampira sin licencia para alimentarse. Y Zavulon, el jefe de la Guardia del día, ha empezado a verse demasiado cerca de estos lugares, por lo que tal vez esa noche no se trate de un turno cualquiera.




Ambas películas adaptan de una forma muy libre los dos primeros libros de una saga escrita por  Sergéi Lukiánenko. Y por cierto, que hoy sin google, no sería capaz de escribir correctamente la mitad de las palabras.  Cuando digo libre, me refiero a que esta llega a cambiar completamente el final y muchas de las tramas que adapta. La primera parte es la más fiel, relativamente, donde se conservan elementos claves como la maldición y la aparición de Yegor, el niño víctima de una vampiro. Pero estas, que parecían quedar cerradas, continúan desarrollándose en la segunda parte entrelazándose con otras que en el material original, eran capítulos nuevos del siguiente libro. Así, la Tiza del Destino que aparece como una historia casi independiente, se convierte en un elemento clave para las líneas argumentales que empezaron en la primera entrega, y la ruptura de la Tregua entre ambos bandos se convierte en algo muy relacionado con la vida de los protagonistas y algunos secundarios.



 Otro de los elementos más curiosos es la forma de tratar los efectos especiales y todo aquello que implique magia y elementos sobrenaturales. Y es que la película tuvo que destinar la mayoría del presupuesto para efectos especiales, y aún así, se quedaba escasa para los estándares occidentales. La solución empleada fue muy hábil: algunas secuencias, como todas las correspondientes a explosiones o la aparición de la Penumbra (un limbo por donde pueden moverse los personajes) fueron creadas con los cánones del cine habitual, y añado como inciso que en este último, los gatos pueden moverse con libertad debido a su naturaleza..Puntazo a favor. Pero la mayor parte de escenas correspondientes a situaciones fantásticas se rodaron estableciendo una serie de referencias. En ellas, las acciones de determinados personajes servían para saber que estaban llevando a cabo un hechizo o cualquier otra cosa, que en muchos casos, se superponía a secuencias más breves donde podía verse lo que en realidad pasaría. El ejemplo más claro sería el de una de las batallas, donde las escenas de una fiesta cualquiera se mezclan con fotogramas de un ejército luchando. La idea puede parecer un tanto extraña, pero se adapta muy bien al tipo de historia que en todo momento quiere contarse: lejos de los excesos que podrían tener lugar en un argumento fantástico, el mundo creado por guardianes de la noche es bastante común, ordinario casi. Y en un mundo de fantasía urbana donde los magos tienen pinta de funcionario o de mafioso, donde los vampiros trabajan o van a clase, y donde las Guardias que vigilan una tregua milenaria parecen oficinistas, las secuencias más sutiles donde prime la imaginación y la intuición del espectador a la hora de ofrecer situaciones fantásticas son mucho más efectivas. En principio puede sonar difícil, pero su director tuvo mucha maña a la hora de presentar los escenarios que él quiso sin explayarse con los efectos especiales. Más tarde, y con más presupuesto,  hizo lo mismo con la de Abraham Lincoln y también me gustó el resultado, lo que dice bastante de su buen hacer.



En los casos más recientes, y sobre todo en el cine de entretenimiento, una adapción tan libre haría temblar a cualquiera: solo puede significar que han pasado amplicamente del material original y que lo han comprado por cuestión de licencias. Pero este caso es una de esas situaciones que no se veía desde hacía mucho tiempo. El guionista trabaja con una historia determinada, que hace suya y adapta a lo que él le gusta y lo que quiere contar. Naturalmente, esto hace que, menos los personajes, los Guardianes de la noche cinematográficos poco tengan que ver con los del papel impreso. Pero también implica que hay dos obras con resultados distintas, unidas por un orígen común, y que el material filmado es tan respetable como el impreso…lo cierto es que a mí me gustaron ambas. Aunque debo reconocer que quizá un poco más, la versión en cine. Por un lado, hay dos o tres libros de fantasía urbana que no tiene nada que ver con lo que había leído hasta entonces, pero que en cierto modo, se mantenía dentro de las normas a la hora de establecer personajes negativos y sus acciones. En cambio, Guardianes de la noche y Guardianes del día es una película de fantasía urbana donde la trama principal, lejos de las criaturas sobrenaturales y los magos, es una curiosa reflexión sobre el poder de las decisiones, lo aleatorio del destino, y donde los personajes centrales, o más bien, los jefes de ambos bandos, son tratados con mayor ambigüedad, pero también con muchísima más simpatía que en el original.   

lunes, 8 de septiembre de 2014

Mis tebeos favoritos (hace años)


Había escrito alguna vez que en un principio, no teníamadera de lectora. Pero que cualquier cosa que tuviera dibujos me motivaba muchísimo más que la letra impresa. Y los tebeos cumplían a la perfección. Podía mirar los monigotes todo lo que quisiera, enterarme a medias de lo que pasaba, y más adelante, leerme los rótulos y tener una visión general del conjunto. También tenían un precio asequible, y el comprarme “un cuento” era algo que solía pedir como consecuencia de un viaje largo (algunas veces incluían la contestación “parece que te hizo la boca un fraile” para explicar que pedía muchas cosas. Pero caía alguno de todas formas).

Si tuviera que mencionar uno como mi favorito entonces, serían Zipi y Zape, aunque también es cierto que muy pronto fueron desplazados por los personajes de Ibáñez…y a día de hoy, no sé cómo andan de popularidad. Pero hay algunos más que también ayudaron a que le perdiera el miedo a los textos largos, y que por lo desgastados que se encuentran a día de hoy, también se ganaron a pulso el haber sido mis preferidos.



Mortadelo y Filemón. Los invasores. A los agentes de la TIA todavía tardaría unos años en pillarles el humor, pero este tenía muchos puntos para que me quedara mirando las viñetas: entre otros, unos monstruos muy nightmare fuel (aunque entonces eso no existía y solo me parecía que daban grima) y situaciones tan absurdas como una base secreta camuflada como bar de carajillos por cuestiones de presupuesto. La historia tiene la misma estructura que muchas otras: en la TIA descubren que los alienígenas  planean invadir la tierra, enviando sucesivamente a distintos invasores, a los que Mortadela y Filemón dan caza con más pena que gloria.

Hoy sigue pareciéndome uno de los más redondos de todas sus aventuras, sobre todo si te gusta un poco la ciencia ficción. Tiene momentos verdaderamente absurdos como un alienígena aplastado por una vaca, o que consigan engañar a uno con una pera gigante…por tener pinta de gusano. Todavía lo conservo, y a juzgar por esa portada llena de dobleces que todavía aguanta, y que no se haya despegado del lomo, sospecho que los de Bruguera debían editar sus tebeos como mínimo en acero hyrkanio.



Disney Especial. Los fantasmas. Un tiempo después de la colección Don Miki (sí, esa que ahora andan anunciando..y sí, lo reconozco tota la fasciculada me dio la idea de la entrada), la editorial publicaba una serie de tomos más gordos con historietas unidas por el tema de cada ejemplar: estudiantes, periodistas, aventureros, policias…y un especial sobre fantasmas. Comics protagonizados por Mickey o Donald, por mucho fantasma que pueda haber por medio, no iban a ser precisamente Edward Gorey, si no una aproximación mucho más amable: o bien algún fantasmilla simpático, o principalmente, la típica situación en la que el presunto espectro no es más que un equivoco y hay una explicación detrás. Esto no es que me hiciera mucha gracia, pero entonces los personajes clásicos de la Disney me gustaban un montón, y para que negarlo, el material entonces era bastante bueno.


Además, estos tomos incluían una sección escrita con pequeñas menciones a películas del mismo tema o personajes históricos relacionados. En el caso de este especial fantasmas, era bastante desconcertante, porque junto a un artículo sobre Vlad el Empalador, incluían un reportaje sobre películas de terror cómico, esas que se llevaron tanto en los ochenta. Donde mencionaban producciones para todos los públicos como Cazafantasmas II, Los fantasmas atacan al jefe o La divertida noche de los zombies. Sí, la secuela de El regreso de los muertos vivientes. Y una publicación infantil que entonces recomendaba sin prejuicios una película de zombies tiene todo mi respeto y admiración. Y un poco de desconcierto, también.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Los mercenarios 3. La nueva generación…o algo parecido


Aún sin gustarme las películas de acción, Los mercenarios de Stallone me divirtió mucho. Era una vuelta sin complejos al cine de tiros y explosiones de los ochenta, de esos donde se ahorraban un montón en guionistas…y ese punto que mantenía entre las explosiones y la parodia funcionaba muy bien. Tan bien que contó con secuela donde se apuntaban unos cuantos actores del ramo más, hasta Chuck Norris con Norris Facts incluídos. Y al igual que podía pasar en la época con Rambo, la franquicia continúa en otra entrega donde una de las gracias principales parece ser el incluír a más gente. Aunque estos no estén especialmente ligados a ese cine de acción tan específico, como Harrison Ford o Antonio Banderas.



Esta vez, Barney y su grupo de mercenarios, tras rescatar a un antiguo compañero de una prisión (haciéndola explotar de paso), descubren que el traficante de armas que deben eliminar como nuevo objetivo no es otro que un antiguo aliado, que además de ser Mel Gibson, habían dado por muerto. La misión es un fracaso, y el personaje interpretado por Stallone se plantea si no será la hora de retirarse. Pero esta misión se ha convertido en algo personal, y a pesar de las quejas de sus compañeros, prescinde de ellos para formar un nuevo grupo formado por agentes, más jóvenes, con nuevos talentos, y también con la falta de experiencia que los llevará a fracasar. Y si quiere salvarlos, deberá contar de nuevo con sus anteriores aliados. Y con un nuevo miembro, muy entusiasta por encontrar trabajo en su banda.






Si la primera película era un homenaje al cine en el que se habían curtido sus actores, y la segunda rizaba un poco el rizo sacando al resto de caras conocidas, esta nueva entrega parece querer tener una trama distinta: la del relevo generacional, y especialmente, las crisis de madurez. Estas, vistas entre explosiones por tíos muy machotes, que no lloran, no se conflictúan ni se compran un coche nuevo. Vamos, que en realidad se plantea desde el punto de vista de que si los personajes se ven demasiado viejos para irse infiltrando por ahí en países en conflicto y haciendo acrobacias. Pero como era de esperar, la respuesta es no: crisis generacional la justita, y a los diez minutos de película, se sabe que ese nuevo grupo de mercenarios con tantas habilidades informáticas no les va a durar hasta el entreacto. En realidad son una excusa para dar un giro al guión y ofrecer un conflicto distinto a los personajes, además de un nuevo motivo por el que permanecer más tiempo en activo. Y probablemente, sacando más entregas.




Se nota demasiado que esta parte estaba pensada unicamente por el motivo de consolidar al reparto original, porque es sin duda la más aburrida (imperdonable en una película donde nada debe ser aburrido), y sus secuencias de infiltración en edificios de alta seguridad y de hackeo informático recuerdan demasiado al cine de acción hecho a partir del 2000, que directamente no me gustaba. Aunque si en realidad la idea era hacer un guiño a la diferencia de estereotipos entre una y otra generación, lo han clavado..Además, también se agradecen mucho algunos guiños en relación con el personaje femenino: durante parte de la película se menciona que algún protagonista tiene una hija de su edad, o que se haga referencia en más de una ocasión a los treinta años de diferencia entre un grupo de mercenarios y otros. Lo que resulta una forma bastante hábil de indicar que el guión tiene muy en cuenta la edad de sus protagonistas y que ahí solo han ido para eliminar terroristas.

En un principio parecía que la cantidad de caras conocidas del reparto eran demasiadas, aunque en realidad muchas de ellas tienen papeles muy breves y sus apariciones están justificadas, o bien dosificadas. Pero quizá el personaje nuevo es el que sale más perjudicado. Porque el papel de Antonio Banderas es sin duda, el peor de todos. Concebido como el alivio cómico de la película, parece un cruce raro entre las locuras de Murdock del Equipo A y el estereotipo de latino gracioso y seductor. Aunque por desgracia, no le sale ni una cosa ni otra: es chillón, poco cómico, tirando a patético y a menudo rompe mucho el ritmo de las secuencias. Porque, por mucho que se pongan, este no era precisamente un guión donde los diálogos brillen por su genialidad y por la caracterización de personajes. Si repite en un posible Mercenarios 4, espero que tomen nota y sea algo menos insufrible. Y si no, que lo despidan dramáticamente en la primera explosión.


Sentido, sensibilidad y cosas que explotan

En un principio, no llegó a divertirme tanto como pudo hacerlo las dos primeras entregas. Quizá por esperar algo similar a lo enterior, y sobre todo, por la parte central, que me resultó mucho más aburrida a causa de sus nuevos personajes. Pero el desenlace supera este defecto y se dedica a ofrecer lo que el espectador quería: una traca final de las de toda la vida, donde sin saber de donde, empiezan a aparecer tanques, sicarios armados hasta los dientes, motos de cross sin venir a cuento y auténticas frases lapidarias como las que recordaba de Comando o Rambo 2. Esto viniendo de alguien que reconoce que no era aficionada a este tipo de cine (sí, en el fondo empecé Los mercenarios por nostalgia de os ochenta) dice muchísimo a su favor: son secuencias muy redondas, planteadas especialmente para que todo resulte imposible, excesivo, y muy divertido. Además de acabar con un sorprendente guiño final que en un principio no me esperaba, después me desconcertó bastante, y finalmente, me hizo muchísima gracia por todo el tono de broma que sigue manteniendo. Y es que, hasta los héroes más machotes también tienen su parte sensible. 

Este es un blog cat-friendly

Este es un blog cat-friendly
...Por si quedaba alguna duda