Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

lunes, 29 de septiembre de 2014

Las aventuras de Peabody y Sherman (2014). ¿Cómo mejorar una máquina del tiempo? Con un perro con pajarita




A princpios del 2000, casi todos  los personajes de Rocky y Bullwinkle fueron adaptados al cine. Los resultados fueron bastante extraños, siendo Rocky y Bullwinkle una mezcla de animación e imagen real muy pensada como homenaje, y Dudley Do-Right una comedia que tenía algunos puntos graciosos y gran parte de los defectos de ese tipo de material. Y es que, en el caso de los secundarios del show de la ardilla, el material solía ser bastante anecdótico, y con algunos skecths muy marcianos. Y en el caso de Dudley de la montaña, el resultado en taquilla fue tan flojo como para que se olvidaran una década de otros personajes mucho más golosos a la hora de saltar al cine.



El señor Peabody y Sherman es uno de esos casos: el perro más listo del planeta construye una máquina del tiempo, con la que viaja a distintos momentos de la historia junto a su hijo adoptivo Sherman. Esta no suele ser como la cuentan los libros, sino que a menudo ofrece situaciones mucho más absurdas que las narraciones oficiales. A grandes rasgos este era el contenido de los dibujos originales, y que se mantiene como punto de partida. Pero la película aporta algo más de trasfondo tanto a sus protagonistas como a su máquina del tiempo: no todo el mundo cree que un perro sea el mejor padre adoptivo para un niño de siete años. Y cuando Sherman se pelea en el colegio con otra de los estudiantes, Peabody decide que lo mejor para demostrar su valía como tutor es invitar a los padres de la niña a una cena. Y cuando esta decide utilizar por su cuenta la máquina del tiempo, Peabody debe  rescatarla y llegar a tiempo para demostrar a la asistente social que Sherman tiene el hogar adecuado. 


Frente a otras producciones donde optan por presentar una historia sobre los orígenes de las aventuras de un personaje, esta ha optado por saltársela y presentar una situación donde todos los elementos se han establecido. Se nota que estos personajes eran bastante conocidos en Estados Unidos, por lo que la historia de Peabody se soluciona con un monólogo bastante rápido donde explica todos sus logros, la adopción de su hijo, y la fabricación de la máquina del tiempo como herramienta educativa. No esperaba que se saltaran el desarrollo del punto de partida pero lo cierto es que se agracede. Cuando el protagonista es un perro inventor, tampoco es que haya gran cosa que justificar. Además, esto sirve para darle un poco de variedad a la hora de explotar el tema de la máquina del tiempo.



Exceptuando a los dos personajes principales, el resto son todo novedades creadas para la película (lo sé porque no me perdía un capítulo de Rocky y Bullwinkle). En el caso de los personajes principales, a estos se les aporta un mayor trasfondo, al menos, desde un punto de vista más emotivo. Es muy difícil tomarse en serio a un perro inventor, pero resulta bastante entrañable cuando se plantea que el también quiera tener una familia, o los conflictos que surgen por tener un niño humano adoptado. Incluso se salen un poco de la norma en cuanto a los secundarios, porque lejos de contar con los típicos matones y amigos a primera vista, la mejor amiga del protagonista es una niña con la que empieza peleándose. Lo cierto es que todos estos temas de la familia y la amistad son algo habitual en la animación infantil: poco importa que sea Chicken Little, que Lluvia de albóndigas, o un poco mejor llevado en el caso de Paranorman, pero siempre va a tener una parte sensible que a veces resulta un poco forzada. Porque lo cierto es que el personaje de Penny tarda muchísimo en ganarse la simpatía y preocupación que los protagonistas muestran por ella a los quince minutos de película.



A la hora de integrar los viajes temporales dentro de la historia es donde la película se luce. Temía que en un principio todo se limitara a una sucesión de pasajes históricos tratados con el mismo humor que en la serie original, pero sin conexión. En cambio, estos se integran de una forma muy fluida donde uno de ellos sirve como introducción para los personajes, y el resto, forman parte de la trama, o más bien, hacen que estos combinen con ella sin que resulte excesivamente forzado. Además, habiendo viajes temporales, incluyen un elemento que no estaba en la serie pero que combina perfectamente: las paradojas temporales y otros elementos más de ciencia ficción, que a partir de la segunda mitad, se convierten en una parte clave del guión y que hace que la película sea algo original, no un remedo de una serie de los sesenta.



Además de ser una buena adapción  de unos dibujos poco conocidos fuera de Estados Unidos, cuenta también con otra ventaja: unas dosis de humor muy adecuadas. Es difícil que una película combine bien los gags visuales con otros verbales o más pensados para los adultos. O bien este suele ser completamente blanco, o como en el caso de Shrek, son directamente guiños para el público más crecido. Pero en este caso, la combinación es bastante redonda: desde secuencias donde los soldados salen del caballo de Troya por donde uno sabe, hasta comentarios sobre lo incómodas que son las reuniones familiares en casa de Edipo. Hasta la inquina que le tiene Robespierre a los melones cantalupo, que no se por qué, pero me ha hecho mucha gracia. Eso sí, los juegos de palabras del Señor Peabody siguen siendo igualitos que los de la serie original, y hasta da para un par de situaciones simpáticas.




jueves, 25 de septiembre de 2014

Avatar, The Last Airbender (2010). De artes marciales y magias varias


The Last Airbender son de esos dibujos que habían quedado aparte por ser difícil seguirlos, al menos, tal y como los suelo ver en los canales de tv. Es fácil cogerle el ritmo a Hora de aventuras o Historias corrientes, por su estructura episódica. Pero cuando empiezo a ver que algo lleva un argumento continuo, o lo pillo desde el principio, o se queda por ahí. El dibujo amerimanga tampoco me convencía, aunque la serie tenía muy buenas referencias y alguno de los escenarios que había podido pillar haciendo zapping sí parecían interesantes.




Al final se me ocurrió empezar con la película de  Shyamalan donde adaptaba el grueso de la historia. Aunque esta había tenido muy malas críticas, no había visto nada de este director desde el Bosque y quería saber cómo se las arreglaba en un guión sin giros de guión reveladores. En ella se presenta un mundo formado por cuatro naciones, correspondientes al agua, aire, fuego y tierra. En cada una hay maestros que dominan estos elementos y pueden utilizarlos a modo de hechizos. Se dice que el Avatar, una encarnación que renace cada cierto tiempo, es capaz de controlar los cuatro, pero este ha desaparecido hace décadas, cuando la nación del Fuego decidió invadir al resto. Katara y Sokka, dos jóvenes de la nación del agua, encuentran a un niño que dice haberse escapado hace días del templo del Aire. Algo sorprendente, tanto como la posibilidad de  que Aang sea el Avatar perdido. Perseguidos por el ejército del fuego, los tres intentarán completar la formación de Aang en el resto de elementos y detener la guerra que arrasa las distintas naciones. 


Lo que más aleja a Airbender de películas de fantasía anteriores es su ambientación en un mundo donde todo es de influencia oriental y asiática: en las cuatro naciones aparecen representadas los monjes shaolin, las culturas inuit, china e incluso persa. Esta última es la más golosa a la hora de representar, al ofrecer la posibilidad de recrear todo tipo de escenarios imperiales, ejércitos e incluso maquinaria de guerra que resulta bastante steampunk. La trama sobre el avatar, tan relacionada con monasterios y reencarnaciones, es fácil de reconocer. E incluso las secuencias donde los personajes usan los elementos recuerda mucho a los movimientos de artes marciales. Tampoco era muy habitual del cine fantástico oriental, ni de nada que estuviera influído por este, por lo que me resultó muy llamativo y bien logrado para los poco familiarizados con él.



Aún sin conocer la serie, se notan bastantes defectos a la hora de adaptar la totalidad a un metraje más limitado: esta resulta bastante atropellada, y en demasiadas ocasiones, los personajes parecen comportarse de una forma determinada porque es lo que les toca hacer ¿Qué aparece un niño que puede ser la reencarnación de alguien? Pues hala, hay que cruzar el mundo con él sin complicarse más la vida ¿Qué tiene que entrenarse en algo? Pues hala, a buscar maestros y superar los niveles como si de un videojuego se tratara. Además, hasta algunos personajes principales parecen muy poco caracterizados. exceptuando dos que junto al protagonista son los más importantes (en este caso, Katara y Zuko, el hijo del señor del Fuego), el resto se queda a rebufo de los demás. Es bastante cantoso en el caso de Soka, quien acompaña a los protagonistas, y aún debiendo tener más presencia, se limita a ir de un lado a otro. Esto acaba afectando a parte del guión, que hace que algunos de los personajes parezcan estar ahí como Deux ex Machina para solucionar algún problema en la trama principal.



Una de las críticas más negativas que sufrió la película fue su elección del casting. Principalmente, esa nación del Fuego caracterizados como árabes, pero sobre todo, el que dos de los personajes principales sean claramente caucásicos cuando, tanto los originales como su propia tribu en la versión cinematográfica, son orientales. Una decisión bastante desafortunada que en el primer caso, se salva gracias a una caracterización de la nación y la cultura muy cuidada y coherente consigo misma. Pero que el segundo, es bastante paradógica y parece deberse únicamente a la intención de incluir caras que atraigan al público mayoritario.  


No sé cuantas diferencias habrá con el material original, o si este ha sido respetado, por lo que no puedo quejarme de si es una buena o mala adapción. Al final se la jugaron con un desenlace demasiado abierto, de esos que cuentan con tener una secuela sí o sí, y que de momento, no tiene pinta de haber sido acortado. En general, y aún con todos los fallos de ritmo y lo acelerado del guión, me pareció entretenida y bastante mejor que versiones de material foráneo como 47 Ronin. Además, si me ha animado para empezar con la serie de dibujos, tan fallida no ha resultado. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Z Nation o cómo dejé de preocuparme y volví a amar la serie Z


Pese a la moda de los zombies, estos no han tenido mucha suerte en televisión, quedándose con Walking Dead como mejor representación. La serie de Zombieland se quedó en un piloto el año pasado, y el nuevo estreno de Syfy ha sido todo lo que se podía esperar de una serie producida por Asylum. 


Un vejete, un señor desastrado y dos tías duras. Juraría que esto lo he visto antes...

En Z Nation, un virus capaz de resucitar a los muertos ha arrasado la nación. Pero esto fue hace unos tres años, y ahora los supervivientes se han asentado en distintas comunidades. A una de ellas llega un soldado acompañado de un tipo que asegura tener la clave para  conseguir una vacuna, con el que deben llegar hasta el centro de investigación más cercano. Poco después, el asentamiento de los protagonistas es arrasado por los zombies, y los pocos que formaban su escolta no tienen más remedio que acompañarlos siguiendo las instrucciones que reciben desde uno de los pocos centros de comunicaciones en activo. 


Un posible punto de interés de la serie consiste en saltarse los primeros pasos de la aparición de los zombies para ir directamente a un escenario postapocalíptico más establecido, que además de ser menos habitual (la mayoría de películas siempre se quedan en el primer estado), siempre es algo más divertido y da para inventar más. El siguiente, el optar por un leitmotiv para los personajes más allá de la supervivencia, siendo este un objetivo más ambicioso como el de obtener una cura. Las novedades se quedan ahí porque en realidad, después de dos episodios, hay que decir que la serie es mala con avaricia. Pero mala a nivel Sharknado. Bueno, en realidad no tanto porque esa ya era de juzgado de guardia, aunque esta ostenta en la mayoría de los casos la calidad de un telefilme. En concreto, de esos de monstruos que pone el canal Cuatro los domingos por la tarde.


Sí, un bebé zombie. Apaga y vámonos

Las interpretaciones son bastante malas: a veces los actores se quedan como pasmados, y otras veces parece que se limitan a recitar sus diálogos. Diálogos que siguen el mismo camino: en algunos casos, completamente afectados, y en otros, incluyen unos chascarrillos que no vienen a cuento. La clasificación “serie Z”, y no de zombie precisamente, es lo que acaba viniendo a la cabeza después de verlos en pantalla durante unos quince minutos. Y que se confirma en cuanto empiezan a aparecer determinadas situaciones: desde una compraventa de armas chorras en el medio de la carretera, con uno de los supervivientes explicando las ventajas de un bate con clavos, hasta los protagonistas enfrentándose a un bebé zombie. Y a un perro zombie también, como si fuera un Resident Evil. Otro tanto para los muertos vivientes que aparecen, que lo mismo van despacio, que corren como los de 28 días después, sin más lógica en lo que hacen que lo que les haga falta a los guionistas en ese momento. Y hasta la realización, con ese brillo de la imagen en gris y con unos colores muy forzados, da la impresión de que esta se haya filmado con una tablet y un móvil en un día nublado.


Al menos salen zombies, que era lo que había ido a buscar


Había leído bastantes críticas negativas como para, en principio, no perder el tiempo con ella. Pero en el fondo los zombies tiran, y lo peor es que tras el primer episodio descubrí que me parecía divertida. Hay una explicación, y es que además de la serie B, también hay un montón de películas de serie Z que me habían gustado. He visto enteras, y me he entretenido con cosas como Holocausto Zombie, Apocalipsis Caníbal, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes y Nueva York bajo el terror de los zombies (por cierto, estas dos últimas son de Lucio Fulci y son buenísimas. En estos términos, claro). Películas muy torponas, que además de gore gratuito, contaban con interpretaciones de aquella manera, argumentos absurdos, realización pobre, y en muchos casos, una absoluta falta de sentido. Salvando las distancias, lo que me encontré con esta serie, suficiente como para que hiciera gracia y que tras el primer capítulo viniera un segundo. Y que probablemente caiga un tercero.


Definitivamente, no recomendaría la serie. Es floja, aunque quizá no más floja que otras cosas que se emiten por televisión y que funcionan. Pero para quienes hayan disfrutado de la serie B y Z, y que quieran ver algo sin tomárselo en serio, o incluso a modo de comedia involuntaria haciendo comentarios en plan Mystery Science Theatre 3000, es una opción muy divertida. Además, por lo que ví durante el capítulo de esta semana, parece que a Narnia también le ha hecho gracia. Su hermana, en cambio, parecía con ganas de largarse de encima de la tele en cualquier momento.  


jueves, 18 de septiembre de 2014

Películas que me sorprendieron. Para bien



A la hora de ir al cine, soy muy específica. Tratándose de algo que considero un entretenimiento, es difícil que elija una película que no vaya con lo que me interesa. Vamos, que lo último que iría a ver es un drama, una comedia o una comedia romántica. En el primer caso se debe a que nada de lo que suele estrenarse en salas comerciales coincide con lo que me hace reír, y en el último, se trata de un género del que trato de huir lo más lejos posible. Pero algunas veces los prejuicios se han quedado en casa, y me he encontrado con producciones que, aunque en circunstancias normales no las vería ni de broma, hacen que no me arrepienta de haberme arriesgado a salir de lo habitual. Excepto en el caso de las comedias románticas. Ese me sigue haciendo salir en estampida. 



La piel que habito (2011). Almodóvar nunca fue santo de mi devoción. Muy admirado por la crítica y  muy exportable, pero cualquier cosa que pudiera contarme no iba a interesarme. Esta vez se arriesgó adaptando la novela Mygale, de Thierry Jonquet, donde cuenta una historia muy extraña sobre un cirujano y sus intentos por desarrollar una nueva piel sintética, la mujer que utiliza como base para sus experimentos, y los acontecimientos pasados que los han llevado a vivir una relación bastante extraña. Vera vive encerrada en el sótano de la casa, y el doctor Ledgard la trata a ratos con frialdad, a ratos con familiaridad. El comienzo resulta sumamente intrigante, sirviendo para narrar la historia desde ese punto final. A ratos es una auténtica película de mad doctors, que puede recordar a Los ojos sin rostro. A veces, es un drama psicológico, y su planteamiento, en cierto modo, podría considerarse algo de ciencia ficción (o más bien, ciencia ficción de folletín).


Esta quedaba muy alejada de lo que me había imaginado, hasta el punto de quedarme enganchada en una narración muy extraña e intrigante, a la que aún así, todavía podía encontrarle algunos defectos: determinadas secuencias eran muy propias de su director, pero propias hasta el estereotipo. Y secuencias como un diálogo absurdo en una tienda de ropa, o el detonante que utiliza para hacer empezar la historia, rompen muchísimo el ritmo de lo que aparece en pantalla. A veces da la impresión de que estuviera empeñado en recordar al público que se trata de su película, y que no pueden faltar sus detalles propios. Detalles que, después de leer el libro, se hace mucho más evidente su condición de añadido. Aún así, sigue tratándose de una película muy particular, y muy recomendable, de esas en las que se trastoca por completo el desarrollo que intentaba intuir según avanzaba la historia.

La duda (2008). Tratándose de la adapción de una pieza teatral, me esperaba un drama y pocos giros. Tratándose de un drama basado en las sospechas que la directora de un colegio religioso tiene acerca de la relación entre un sacerdote y uno de los alumnos, me esperaba una hora y cuarenta de diálogos intensos. Que por motivos obvios, los hay. Pero también hay una ambientación cuidada hasta el detalle, como esa escuela católica de los años sesenta y la sombra de una II Guerra mundial todavía muy cercana, y unos personajes que hacen que la trama principal resulte mucho más ambigua y compleja. La directora, la hermana Aloysius, comienza como el prototipo de monja fanática, espartana y cerrada a cualquier elemento no católico. El padre Flynn es un tipo jovial, entrañable, y se preocupa por un chico con problemas. Pero esto evoluciona, y la primera se convierte en un personaje muy sólido, que probablemente represente todo tipo de cosas de las que el espectador está en contra, pero a la que es imposible no admirar por su determinación y firmeza. Además, se muestran los problemas que conllevan la jerarquía establecida en una organización católica, donde curas y monjas parecen ser dos clases sociales completamente distintas y una más favorecida que la otra. 



La ambigüedad se sigue manteniendo incluso en la resolución, donde las dudas quedan en el aire: tanto las de la trama principal, como las de la protagonista sobre lo correcto en su forma de actuar. El carácter de drama psicológico de la obra es bastante evidente, pero a la vez, hace un retrato muy efectivo de una parte de la religión católica, de un escenario muy determinado, y sobre todo, de unos personajes a los que en otras circunstancias, me habría resultado imposible admirar por su actitud. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Lecturas de la semana. Homenajes y pastiches


Muchos personajes superan a sus autores para convertirse en algo donde todos acaban aportando su grano de arena. H. P. Lovecraft dio lugar a todo tipo de relatos donde se reutilizaban sus Mitos de Cthulhu. Sherlock Holmes continuó resolviendo todo tipo de casos (y en más de una ocasión, enfrentándose a los Primigenios de Lovecraft). Otros, como Conan, se convirtieron en una licencia exclusiva, donde los autores correspondientes publicaban sus novelas como si de una franquicia se tratara. Y hay casos todavía más raros, donde lo que se homenajea directamente es a la forma de escribir de un autor que, sin haber creado ningún personaje o mundo en concreto, sí goza de la suficiente admiración como para que se escriba algo a su manera. 



Robert. E. Howard. Conan el vagabundo . Lo de incluir a Howard como autor exclusivo en este tomo de aventuras del bárbaro es muy relativo, porque tecnicamente solo se encargó de dos relatos. Los otros dos son respectivamente, uno escrito por Lin Carter y Sprague de Camp, y una novela corta, que sin tener nada que ver con Conan, fue reescriba por este último para seguir teniendo material sobre el cimmerio más famoso.
En este caso, continúa la saga del protagonista a partir de varios relatos independientes los unos de otros, donde es abandonado por su banda de mercenarios, se encuentra a su suerte en una ciudad perdida, y se encuentra con alguna criatura prehumana a la que suele finiquitar a base de espadazos.

En general son bastante entretenidos, sobre todo si se lee uno de sus libros de cuando en cuando, pero se nota muchísimo la diferencia entre los primeros pastiches y los relatos originales de Howard. Este no era un gran escritor, y lo limitado de sus recursos y descripciones lo demuestran. Pero su forma de escribir era mucho más fresca y libre de prejuicios que las novelas posteriores. Una de las principales ventajas de su protagonista, era su picaresca, su mala baba, y especialmente, lo políticamente incorrecto que resultaban muchas de sus acciones. Este quedaba muy lejos del otros héroes moralmente intachables, cosa que sus editores con el tiempo fueron encargándose de limar algunos de sus aspectos más escabrosos para convertirlo en un protagonista más al uso y adecuado a los tiempos. 


Tal vez en el futuro, o en un universo paralelo, harán una antología homenaje sobre Renaissance. Y meterán fotos de gaticos antes de cada texto


Joseph S. Pulver (editor). Grimscribe´s Puppets. Lo último que me hubiera imaginado era que a nadie se le ocurriera hacer una antología homenajeando a Thomas Ligotti, un escritor muy poco conocido y que se da muy poco al tema del fandom. Además, exceptuando elementos que son muy comunes a sus relatos, estos no tienen ningún nexo de unión como para que alguien quiera escribir algo tomando como referencia sus recursos y estilística. Pero lo cierto es que Ligotti mantiene cierto estatus de autor de culto y se le considera uno de los mejores escritores de terror del siglo. Además, determinadas situaciones si son claramente reconocibles y utilizables a modo de homenaje o referencia: su obsesión con la soledad, el sinsentido, las marionetas y las ciudades en decadencia aparecen, como elemento principal o a modo de guiño, en muchos de los relatos de la antología.

La calidad de estos es variable: los hay que utilizan algunos de estos recursos para escribir un texto “a la manera de”, y otros que optan por utilizar algún personaje que apareció en un relato de Ligotti para escribir una especie de continuación o spin off. Otros, se van a detalles muy puntuales, como la forma en que fueron escritos un par de cuentos que aparecieron en las primeras antologías del autor. Y alguno, por suerte solo uno o dos, poco tiene que ver con lo que pretendían en Grimscribe´s Puppets y se queda en una recopilación de situaciones sin mucho sentido. No es que este autor sea famoso por la coherencia de sus relatos, pero para poder escribir algo de este estilo, también hay que ser muy hábil. Y en general, este libro se queda en eso, un homenaje que se acaba leyendo por sonar un nombre tan poco conocido como Thomas Ligotti, pero del que solo me quedaría con algo más de la mitad de relatos. 

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